.
Amanecer nuclear
“Después de todo. Después del mal
rato. Después de que el hombre odió y omitió sus emociones, el cielo continuó azul y su
huella siguió presente en el mundo. Pero todo se había transformado. Los
supervivientes no pudieron evitar que se desarrollara en ellos una profunda
desolación que no era tristeza sino la fijación de aquel evento que los llevó a
ser lo que ahora eran. En este amanecer, todos podían hacer lo que querían. La
técnica de la civilización no desapareció, se hizo más precisa y menos
cuantiosa. El mundo funcionaba como una era glacial estabilizadora. En las regiones
desaparecieron las problemáticas que conflictuaron al ser humano a lo largo de su
historia. Todo aparentaba ser apacible.
“Lo que no
desapareció fue esa impresión desconcertante del pasado que mantenía en shock a
todos los habitantes de las regiones. Sin excepciones, experimentaron el dolor
y el miedo, la ceguera y la brutalidad. Esta nueva generación se gestó de los
supervivientes que lograron reestructurar los restos de lo que quedó desmantelado.
“Han
transcurrido apenas dos décadas. En las regiones convivían ya los libres
viajeros del mundo. Hombres y mujeres jóvenes sin referencias de lo que su vida significaba, pero con el
antecedente de que exagerar las circunstancias nunca sería el camino. Bajo esta nueva atmósfera de
corrección continua, los habitantes vivían su vida con una perspectiva menos
estructurada y una voluntad de búsqueda intensa, pero ya no del origen ni el
destino sino de la experiencia total del tiempo que les correspondía.
“El contexto
humano era el mismo. Su balance temperamental no sería una cualidad intrínseca
de la naturaleza; por lo tanto, la historia se convertiría en una huella
instalada como un agente biológico de correxión y los errores
cometidos no formarían parte del nuevo capítulo.”
:
El perro sabe que ya va a pasar y espera
Los pasos de Evann lo dirigían hacia
La Plataforma, tranquilos bajo el cielo azul, entre corrientes de aire y viento solar.
Con un cigarro sin prender
en los dedos, giró su cabeza para mirar las calles a través de sus
filtros dorados. Sus botas casi se hundían en el
asfalto y las piedras sueltas salieron volando con sus pasos. De la bolsa de su
camisa blanca sacó un encendedor. Evann pensó que no tenía ningún sentido ir
hacia allá, pero el auto lo estaba esperando, así que no había opción. El paquete
iba dirigido a Esmeralda K. Evann siguió caminando con la vista del atardecer
despejado; de edificios dispersos. Cuando el cigarro
llegó a sus dedos, soltó la colilla. Continuó
caminando bajo el sol.
Últimamente había notado que en la puerta de un
edificio derruido existía un perro: grande,
peludo con manchas en los ojos, de cuerpo cuadrado y fuerte. Se dio cuenta de
que había estado ahí los días anteriores, pero él no lo había notado. El perro
salía a olisquear cuando Evann pasaba cerca. A una cuadra de llegar al edificio, mientras prendía
otro cigarro, Evann tuvo una ocurrencia al tiempo que expulsaba el humo. Se trataba
de un animal y consideraba que tal vez podría ser su amigo. Nunca pensó en
tener una mascota y menos ahora que todos debían buscar su propia ruta.
El edificio
siempre le había gustado, encajaba muy bien en la desolación que lo rodeaba. Un
edificio, sin pisos, como una torre. Evann dio vuelta por la calle y lo vio,
destacado por un jardín muerto en su banqueta angosta; un camino para la
entrada irrumpía la forma cuadrada del jardín. Evann imaginaba su
yuxtaposición: la torre bañada del sol que caía sobre la pared; las paredes
visibles para él tenían una sombra azul. Al estar cerca, el perro asomó su cabeza.
¡Bocinas!
:.
El perro olfateaba su destino
De cachorro, un carnicero comenzó a
darle de comer sin adoptarlo por completo. Una mañana, años después, el perro
llegó a la carnicería como siempre y su olfato lo llevó a un refrigerador que
estaba abierto; extrajo un trozo de carne jugosa que lo hizo salivar y cuando
se disponía a comérselo, el carnicero lo vio y quiso agredirlo con sus propias
manos. El
perro intentó derribarlo para escapar y soltó la carne. Salió corriendo y
abandonó el gran trozo jugoso tirado en el aserrín. Apenas tuvo tiempo de
voltear por un momento a mirar el banquete que abandonaba y que seguramente
sería cocinado por el carnicero sin limpiarlo del aserrín que se le habría
adherido. Entonces el perro echó a correr para no regresar ahí de nuevo.
Esa mañana,
el carnicero se dio cuenta de que el perro había crecido y de que él mismo era
más viejo. Agotado por la huida, después de caminar horas por amplias calles iluminadas
de un ámbar que no veía, cayó exhausto, un edificio que encontró como refugio.
Al día siguiente de haber llegado, deambuló por el lugar y bebió agua de una
cisterna que se encontraba destapada. Durmió unas horas más y al despertar, se salió a la
calle. Orinó en un árbol seco y se alejó de ahí olisqueando el pavimento. Se
desplazó errático, una larga distancia. Llegó a un campo verde con juegos; un
niño estaba en el cubo de cubos.
La tarde se
había nublado y comenzó a sentir sed. De regreso, la noche le pintó el panorama con una
extraña mezcla de olores y visos informes. La luz incolora de los faros en las
avenidas y en las casas; el registro de textura en los olores a través de un
túnel pletórico. El vacío rodeaba el tubo de su excavación.
Se quedó en
ese lugar y se dedicó a hacer lo mismo cada día. Poca gente pasaba por donde
estaba el perro y esto era tan bueno como su cisterna. Pero comenzó a
identificar a un tipo que pasaba por ahí de vez en cuando. Su rastro le
disgustaba. Llegó a esconderse cuando lo sentía venir; no siempre, porque sólo
lo había visto unas veces. El perro era tranquilo y no ladraba, pero daba
vueltas y se inquietaba cuando lo
sentía cerca.
Una tarde, el
perro percibió con más intensidad aquella presencia indeseable, que permaneció por más
tiempo. Como estaba adentro, su instinto
lo hizo salir. Asomó la cabeza y lo vio ahí parado, afuera de su casa,
emitiendo sonidos suaves y palmeándose para llamarlo. El perro salió y el tipo
dio un paso al frente. Entonces comenzó a gruñir y movía la cola, desconcertado
e incómodo. Apenas frunció el hocico antes de
morderlo cuando el otro dio un paso más con la mano
extendida. El perro lo soltó y cambió su ataque a la pierna y hacia uno de los
costados. El tipo estaba gritando y se
quitó los lentes para empezar a soltarle patadas al perro. Una muy fuerte con
la punta del pie en su vientre lo hizo quejarse y huir. Por la situación, sin
saber cómo, los lentes quedaron montados en su hocico y
corrió asustado con ellos puestos, excavando una trayectoria fulgurosa.
Cuando su adrenalina cesó se detuvo para sacudir los lentes montados en su
hocico.
::
Como le quedaron colgando de una oreja, los tuvo que tirar rascándose con
una pata
Kurco percibió un destello a lo lejos
y se dirigió hacia ahí. Encontró unos lentes tirados y al ponérselos, se transformó
el mundo. Todo se veía de una tonalidad dorada. El sol asediaba la amplitud de
lo que había sido una avenida saturada de autos y tráfico; a lo lejos, el
circuito elevado y curvado a la izquierda se distorsionaba por las ondas de
calor. A pesar de la temperatura, una corriente de viento le despeinaba el cabello
ralo y largo.
Estaba
acostumbrado a cambiar de ambiente de manera drástica; los lentes lo
fascinaron. Caminaba tranquilo, con las manos en las bolsas de su playera café.
Como se dirigía a la casa de un amigo, no llevaba prisa y se salió de la
avenida para caminar por las calles. Le gustaba caminar entre la extraña
distribución de edificios y casas que se encontraban dispersos en distancias
proporcionales entre sí. Ningún automóvil transitaba por ahí, aunque uno grande
podría desplazarse en ellas. Las calles conformaban un laberinto lleno de
indicaciones y puertas abiertas en el que Kurco se desplazaba mientras
escuchaba música. Mientras lanzaba ligeros gruñidos, se buscó en las bolsas un
hitter con yerba y lo puso en su boca, pero no traía encendedor. Se lo buscaba
en las bolsas, pero no lo encontró. Entonces miró a su alrededor y vio a alguien
tirado en el suelo, como recargado en la pared. Se acercó y le pidió el encendedor.
-
Está en la bolsa de mi camisa. -Kurco
se acercó a sacarlo y pudo ver que el tipo estaba lastimado y dijo:
-
Voy a la casa de un amigo, ¿quieres venir?
-
Me atacó un perro
-
Ahí podemos ver qué hacer
-
Hace 20 minutos tenía que estar en un
lugar por la plataforma
-
Pues creo que ya no llegaste
-
Me atacó un perro
-
Ya me dijiste, vamos, no está lejos
-
¿Eso es motita?
-
¿Quieres?
-
Okey. Ese perro me mordió fuerte. ¿Viste un paquete?
-
Ahí, en el suelo.
Los dos se
fueron caminando, sólo se escuchaban sus pasos. En el cielo despejado apareció un jet que dejó
una estela. Kurco prendió mientras miraba la trayectoria del avión descrita en
una línea reproducida a gran velocidad. El humo casi se extinguía en sus
pulmones, dejaba escapar muy poco. Se lo pasó prendido al otro, que estaba
pensando en decirle algo. Agarró el tubito de madera con su mano adolorida y le
fumó fuerte. Volteaba en todas direcciones como en cámara lenta. Sacó el humo y
le pasó el tubo a Kurco. Hey! My friend. Esos lentes son míos.
-
¿Estos? Nooo. Me los encontré tirados
en la avenida
-
¿Si? Bueno, son míos
-
Si son tuyos, te los doy al rato. Me
gusta cómo se ve todo a través de ellos.
-
A mí también. Wow, qué nena. –Kurco volteó para
buscarla.
A cierta
distancia iba una chica vestida con algo que parecía una bata de seda blanca y
forrada en pantalones de campamento; llevaba una mano en los audífonos y ni los
volteó a ver.
:.:
Árboles
30 km\h. Tomó la curva que la sacaba del circuito elevado por la
derecha y siguió sobre la avenida en dirección a La Plataforma.
Iba tarde, se había perdido y no le fue
fácil encontrar la ruta. Lyin manejaba un uniplaza de propulsión recíproca; un
tubular cubierto de acrílico transparente anaranjado con motor succionador de
vacío.
En pocos
minutos Lyin vio la plataforma, una enorme estructura que relumbraba en
plateado por las celdas solares. Lyin tuvo que ponerse unos lentes para no
quedar deslumbrada al mirar en esa dirección, porque no podía dejar de hacerlo.
En todo ese tramo no se veían árboles, sólo la magnífica plataforma. Los lentes
polarizados le permitieron quedar hipnotizada por la irrealidad de esa visión
hermosa y desconcertante. Lyin se preguntó qué significaría el hecho de que
algo así pudiera estar instalado en ese paisaje: un instrumento de abastecimiento
y comunicación, un monumento a la civilización que expone el alcance de su
reciente transformación; o un elemento sin significado, fortuito, que permanece
en ese sitio por causas ajenas a la razón. Esta última era la que más le
fascinaba a Lyin. El hecho de que no existiera una explicación definitiva la
estremecía. Había estado ahí algunas veces. Le gustaba cuando apenas iba a oscurecer,
el cielo azul húmedo contrastaba con la iluminación amarilla de los reflectores
en las esquinas. En la noche, cuando llovía, la iluminación era blanca. Cuando
dejaba de llover, los charcos reflejaban por todas partes.
De niña había
ido a una convención de maquinaria
móvil. Lyin se sentía atraída a toda el área destinada
a la plataforma, desde donde comenzaba a verse,
hasta que se perdía en la carretera. Al llegar era todavía muy temprano. Entró
por el puente que conectaba la carretera con un estacionamiento elevado a la
altura de las celdas solares, pero decidió bajar el auto por el desnivel. Abajo
estaba fresco y la inmensidad de la sombra le dio tranquilidad. Pero Lyin quería
mirar la parte superior resplandeciente; allí quiso esperar a la persona que le
traería el sobre. Esperaba a un individuo que llegaría a través de la ciudad
silvestre de Sartory para entregarle un sobre con un volumen a nombre de su
agencia. En el mirador se dispuso a esperar. Lyin tenía ojos grises y pelo
oscuro. El viento la acariciaba como a la superficie de la plataforma. Se quedó
mirando mucho tiempo. Cuando se dio cuenta, el sol iba a meterse. Su rastro
pasó de amarillo a rojo y azul oscuro. Los reflectores se prendieron y un frío extraño
comenzó a sentirse. Lyin subió a su carro, el sobre no llegó. Esa noche no iba
a llover.
::..
Eso pasó con Lyin más tarde, pero antes algo sucedía en otro
lado
Sentado en un sillón polvoriento,
Warrets fumaba un cigarro. Un cuaderno sobre su pierna tenía escrito algo. “Corres hacia
el sol que se hunde; sigue su curso para alcanzar tu espalda. Relativamente es
el mismo pero tu no. La falta de aliento te acerca a la muerte.” Rogelio Aguas
La luz del
sol resalta el humo ondulante proyectado en una sombra. El silencio de la tarde
le da un cierto rasgo de paranoia y tensión a la escena. Hay zombis en la
calle. Decenas dispersas de monstruos humanos inconformes con la muerte. Es una
escena extraña. Warrets presencia, desde su mismo cuerpo, lo que experimentaría
en la ficción. Algunos se han metido a su casa; lo acechan sin atacar. Saben
que está ahí, pero no lo atacan. Desaparecen los visitantes. Warrets le fuma al
cigarro. Una voz cavernosa describe el clima neutro y el ánimo de algunos
viajeros.
“La sociedad de consumo quedó atrás. Esa mirada inquietante de
los sobrevivientes quedará extraviada al cruzar la frontera de la percepción.
Cuando esto suceda, la noción de ser quedará anulada para siempre y el color de
una flor que tiene de fondo un cielo gris y húmedo, no significará nada, porque
nadie estará ahí para atestiguarlo.”
Empujan la
puerta y dan golpes con el puño. Intentan abrir la cerradura, pero está
cerrado. Warrets se acerca y abre. El sonido del rechinido les da un
recibimiento. Su amigo y un extraño entran con un rostro cínico. Warrets va al
refri y saca una cerveza; su cuate saca otras dos y le extiende una al otro. Lo vamos a
hacer, ¿ok? No nos vamos a llevar mucho tiempo. Con estar ahí una noche nos es
suficiente. El extraño se levantó por la segunda muertita y se echó con
ella en el sillón para succionarle el hoyo. Los tres comenzaron a hablar del
loco Sid. Aunque el único que hablaba era el cuate del Warrets, porque el que
venía con él no sabía quién era Sid. El mismo Warrets sólo asentía o hacía
muecas. Entonces su cuate conectó su música: cuerdas, secuenciadores y voces. Warrets
se levantó a estirar los músculos. Parecía hacer una danza inconclusa de
movimientos lentos. Giraba con los brazos simulando alas. A contraluz del sol
muriente, su perfil enmarcado en la ventana expedía el humo de la yerba
calcinada. Su amigo y el extraño platicaban de otra cosa y alguno de ellos
gritó: Aw!! Y rieron con carcajadas secas. Warrets, me
tienes que proporcionar otra chelita. ¿Quieres tú también? Oui.
Warrets
hablaba consigo mismo. Le interesaban más los zombis que esos dos sentados en
los bancos. Se acercó al extraño y le preguntó que quién era. Él le dijo su
nombre y le enseñó una de sus heridas en la piel de la mano. ¿Quién
querría pagar para ser exiliado del temperamento animal? Tal vez aún prefiero su desprecio. Warrets se
alejó hacia la ventana abierta. Entraba un aire húmedo y frío. Una grúa de pala
se acercaba con su motor hirviente. Levantaba a los zombis rendidos que se
abandonaban en el suelo por no tener a dónde ir.
:::.
Tormenta
El parque de juegos comienza a encenderse. Un faro recibe la carga eléctrica
que prende el foco en etapas antes de emitir su resplandor. La extensión de una
pista ciclista, en cuyo centro se encuentran los juegos, media entre la ciudad
de Sartory y La Plataforma. A lo lejos, se notan las casas rasas y los
edificios apagados, como un laberinto sólido de tiempo ausente. Los pocos
árboles parecen fijos, ningún sonido acude a la escena. El horizonte aún
contiene los restos del sol desplazado.
Innumerables
lugares como éste sostienen su presencia en el espacio funcional y abandonado.
Hasta el viento parece asentarse. Sube y baja; resbaladilla; cubo de cubos.
Sentada en un columpio, Xshenid, vestida con un traje sastre y lentes, observa
inmóvil que el escenario se apaga en su naturaleza y se ilumina artificial. El
paisaje rehúye la oscuridad. Xshenid descubre que el columpio se mueve si se impulsa
con los pies. Voltea a ver su portafolios, quieto, sobre la tierra roja; parece
un abogado a la expectativa del juicio incuestionable de los objetos. La
sentencia es una larga espera del fin. Porque todo se acabará
algún día y ese día se acerca, escrutando la
permanencia que lo
“Expulsa todo por
completo." El último segundo de Xshenid es una fracción arrojada desde
el centro de una nebulosa.
Xshenid se
siente mucho más tranquila. Se impulsa con fuerza, tira el portafolios y se
baja del columpio; lo levanta polvoriento. Le sonríe y vuelve al columpio. Se
balancea tímida al principio, con un cierto anhelo de comprobación; luego más
fuerte, como si ese último segundo estuviera ya presente y tuviera que
deshilvanarlo para que sus fracciones le impidieran ser desfasada en el confín.
La atmósfera enrarecida y convulsa se revierte en su cuerpo. Xshenid orbita en
espiral, sujetada a las cadenas de su vehículo. Con el recurso de la euforia se
resiste a la sublimación de su vida y de su cuerpo. Pero una ligera entrega
voluntaria se produce en su interior al reconocer ese curso contingente que la
envuelve de incertidumbre y una emoción repentina le estropea el
sentimentalismo.
Xshenid, más
relajada, sonríe para sí, de nada. El primer sonido es el de esa sonrisa
extrañada y satisfecha. Sus ojos se entrecierran en una mueca de
estremecimiento exterior.
La noche casi
se cierra; los objetos se redimen; el silencio alegre hace vibrar la luz de las
siluetas. Los faros iluminan las copas de los árboles escasos. A lo lejos ruge
el motor de un auto grande y viejo. Lo ve dar la vuelta en dirección a la
pista. En una cantidad de tiempo incongruente el auto llega ante ella. Xshenid
se queda estupefacta, sin oportunidad del miedo. Sin apagar los faros, se bajan
tres tipos del auto recubierto de praimer: el que
maneja, el copiloto y el pasajero. El copiloto se acerca a Xshenid con una
sonrisa.
–
Hola, no quisiera interrumpir la gran actividad que te
ocupa, pero tengo que confesar que nunca me había sentido tan afortunado de encontrar
a una mujer hermosa que me espera en un columpio
– Ah, ¿sí? ¿Te
estoy esperando?
– Bueno, no lo
sabías, pero te acabas de enterar
–
Entonces, muchas gracias, se pueden retirar. No
necesito compañía en
este momento. De hecho, nunca me había sentido tan bien sola como ahora. No
quiero que nada interfiera este instante.
El pasajero
se acerca con ellos y le pide un cigarro al copiloto, que a su vez le invita
uno a Xshenid. El pasajero saca el encendedor de su camisa y le enciende el
cigarro a Xshenid. Los dos le tienen una atención relajada. Fuman en silencio. Xshenid se quita los lentes y sus
largas pestañas enmarcan unos ojos negros. Mira hacia algún punto entre la
sombra y la luz. Después gira hacia La Plataforma que reluce como una estructura
suspendida.
– Vamos a ir
para allá. –Dice el pasajero después de un rato.
– Si quieres
venís con nosotros en el auto, tenemos algo que hacer ahí
– Podemos ir
caminando
– Si quieres.
Dejamos el auto aquí
– ¿Qué van a
hacer?
– Una tarea
– ¿Qué tarea?
– Una escenita
– No lo sé,
quiero permanecer en este estado más tiempo
– –Sí, luces
excéntrica
– Oye, no
deberías dejar que te gane el letargo. Mejor vamos allá.
El pasajero
le señala con el dedo la estructura que se encuentra atravesando una avenida
que parece una pista de aterrizaje. Xshenid siente que es hora de aterrizar y
acepta acompañarlos; como la escala de una nueva ascensión. ¡Hey! El copiloto
le llama al piloto, que se encuentra recargado, casi meditando, en el cofre. El
piloto camina hacia ellos, seguido de decenas de zombis calcinados y en
descomposición. Saluda
a Xshenid con las cejas y se voltea. Ella se levanta y
les dice su nombre. Yo soy...
:.:.:
Goo
Kurco se regresó por la cámara de video al auto. Al salir con el estuche en
el hombro se apuró a alcanzar a los demás. Evann le iba platicando a Xshenid lo
que había pasado con el perro en la tarde. Warrets los miraba con ojos de
sicópata.
Kurco grababa
lo que ocurría en un ángulo que iluminaba los tres rostros. Tomaba planos con
la plataforma de fondo y casi corría para cambiar de posición. A Xshenid le
desconcertó un poco y miraba hacia otro lado. Evann dejó de hablar y miraba
mucho hacia el lente. Kurco le indicaba con ademanes y gestos graciosos que se
volteara. Llegaron a una zona oscura de superficie granulada.
Tenía un
perímetro de 200 metros alrededor de la plataforma. Los cuatro siguieron
derecho casi en silencio, Kurco dejó de grabar. Caminaban lento observando la delgada línea de
ciel bleu que no oscurecía. Se podía ver el
circuito aéreo por atrás de la plataforma, surcada de ese cielo que velaba los
altos faros de iluminación. Al acercarse a la plataforma, Xshenid preguntó acerca
de lo que iban a hacer ahí; Kurco se detuvo sin contestar y los dejó pasar. Al
llegar al límite con la luz, Evann comenzó a retomar el problema del perro,
pero Warrets comenzó hablar casi a gritos.
Espero que
tengan el carácter para escuchar lo que estoy a punto de decirles. | ============ No pongan esa
cara. Parece como si ya supieran lo que voy a decir. Es el fin del mundo.
¿Qué?
Si, por fin,
todo eso que pensaron que nunca iba a ocurrir, va a suceder. En poco tiempo,
tal vez en unas horas.
El viento comenzó
a sentirse cuando Warrets dijo estás últimas palabras. Xshenid y Evann lo
miraban con preguntas en los ojos y con los ojos Warrets les impedía
pronunciarlas. Tenía una mirada seria y profunda. El pelo se le alborotaba
mientras hablaba.
“Este es el
momento de que hagan la evaluación de lo que han sido. Sin decir nada y sin
esperar el juicio de nadie, piensen en la atrocidad de la que han formado
parte. Y si no atinan a discernir a qué me refiero, empiecen desde las cosas
pequeñas, las cosas insignificantes que permanecen así hasta que un día alguien
las reconoce y extrae su sustancia, entonces pensamos que son vacuas o que son
prescindibles. Las personas; los segundos; las ideas; y los planes.
“Todo eso que
develaron un día y que recolectaron en el olvido los hizo preguntarse qué será
mejor, si dejar que la realidad preserve su misterio o que la razón comprenda a
través de las equivocaciones. Todo lo que nos rodea está cimentado en el
temperamento atroz de la civilización.”
Extraño
discurso. Xshenid y Evann pensaron que era una broma y decidieron dejarlo
hablar. Tenían un gesto de incredulidad, pero sintieron una clase de cosquilleo
en sus cuerpos.
¿Y por qué
nos dices todo esto?
¿Por qué
dices que es el fin de todo?
Porque va a ocurrir.
Todo: el Tiempo, la Vida, este lugar, todo se terminará. Lo que tenemos como
cierto desaparecerá. ¡Así! Y antes de que suceda, debo confesar que hace mucho
mi cordura se desvanece. Veo zombis a mi alrededor. Hace mucho los veo. Antes
de saber que era el fin, las personas me parecían objetos inanimados. Pero cada
vez se descomponían más. Se transformaban en monstruos deformes que dejaban
transcurrir su historia de aberraciones. Me di cuenta de que nuestra presencia
corresponde al intercambio aleatorio de los procesos y que las probabilidades
de continuar en estas circunstancias se encuentran ligadas al asentamiento; la
ley de la acumulación cósmica se ha revertido.
-
Algunas cosas han cambiado. Se supone
que ahora todo es diferente. Pero tienes razón, la apariencia continúa -dijo
Xshenid.
-
Sí, reconozco en la entropía del
universo un rasgo de estupidez, pero sólo desde el razonamiento de mi
humanidad.
.:.:.:
Alpenglünen
Evann comenzó a grabar a Xshenid bajo la Plataforma. La iluminación era ámbar, pero cambió el filtro a
azul. Kurco se introducía en la escena a veces. Xshenid se quitó los lentes y
reaccionaba ante lo que decía sin exagerar sus gestos.
Sería ingenuo
pensar que el mundo ya cambió. No preservo conmigo la ilusión de que todo va a
estar bien para siempre, pero, aunque tengo miedo y una impresión constante de
que lo peor no ha pasado aún, siento que las cosas no van a volver a ser las mismas.
Es decir, los errores han sido compensados y los que vivimos en este periodo
histórico no los vamos a cometer otra vez. Creo que experimentamos una ascensión
profunda, pero también pienso en las consecuencias de lo que esto significa.
Ahora no se
nota, todo está tranquilo, pero en cuanto volvamos a encausar nuestros propósitos, ¿qué va a
pasar?
¿Quieres
decir algo...? Perdón, pero no sé cómo te llamas...
¡Kurco!
Evann. Siento intervenir. Es que creo que es..., es incierto, nos encontramos en un proceso de
reestructuración permanente. Nuestra vida parece casi perfecta. Creo que la
humanidad no había experimentado esto a un nivel tan armónico como el de ahora
y es inevitable que sintamos el temor de presenciar cómo se esfuma frente a
nuestros ojos. Las consecuencias, sin ir lejos, son: (con los brazos) tú,
Xshenid, por ejemplo. Te preocupa lo que va a suceder.
Tal vez no
presenciemos lo que va a continuar, pero creo que de eso se trata, de que...
Evann seguía
grabando, pero su teléfono comenzó sonar y se puso la cámara bajo el brazo. Oye, espera,
me interrumpiste. Kurco agarró la cámara ¿Qué opinas
tú, Xshenid?
Por teléfono
Evann hablaba con Lyin.
.:.:.:.
Kawaii: La realidad es caprichosa. “¿Te gusta mi cambio de ánimo? ¿Y ahora?”
No tengas miedo
En la casa de Warrets todos estaban
comiendo tirados en los cojines del suelo; iluminados con una lámpara a 50 cm
del suelo.
-
Y, ¿se puede saber qué es lo que hay en el paquete,
Evann?
-
Es una novela. Comencé a escribirla al observarlos a
ustedes y a otra gente.
-
¿Ya nos conocías?
-
Sólo de vista, no llevo mucho
viviendo aquí. No sabía que te gustara grabar a la gente o de la preocupación de
Xshenid, menos de la paranoia de tu cuate Warrets.
-
Es extraño que conservemos esta
manera de percibirlo todo, pero ha pasado poco tiempo.
Todos se
quedaron en silencio mientras terminaban de comer. Kurco puso una música lenta
y bailable. Lo único que persiste es la noción de que el entorno es
modificable. En un momento todos estaban de pie, incluido Warrets. En otro,
sólo era Xshenid con Kurco o Evann. Comenzaron a beber. La música los
transportó a todos. Kurco se acercó a Xshenid y hacía gestos de querer hablar,
pero se quedaba callado. Evann lo miraba como para alentarlo, mientras Xshenid
lo miraba. Me quiero robar tus pensamientos Evann hizo un
buen gesto. Son incompletos y llenos de angustia, Kurco, no te creo En
serio, se mueven con tu cuerpo que te aleja del abismo Evann le
subió el volumen a la música y se acercó a Xshenid para quitarle uno de los
broches del pelo y se lo guardo en la bolsa del pantalón. Todos se
emborracharon a la par de un calor extraño que no parecía corresponder al clima
exterior.
Al día
siguiente, Xshenid despierta con mucho frío acostada entre Kurco y Evann.
Afuera hay un resplandor azul nublado, llueve muy fino. Xshenid alcanza a
taparse el torso antes de que Warrets entre al cuarto. La mira unos segundos en
silencio. Kurco se le acerca y al succionar su lóbulo le quita un arete que
guarda en su playera café. Warrets sigue con la vista fija en ella. ¿Eres una
Puta o algo así? ¿no, verdad? ¿Qué? No tengas miedo, Xshenid, no soy enemigo No
tengo miedo, ¿qué hora es?
:::::.
8
Warrets se estaba portando como un verdadero anfitrión. Durante la noche
anterior iba y venía con comida, servía los tragos, llegó a poner algo de su
música, por eso Xshenid se siente extrañada de recibir esta clase de buenos
días.
Evann está
hablando con Lyin por teléfono otra vez. En otro cuarto Kurco, recargado en el
marco de la puerta habla con Warrets al respecto de su comportamiento con
Xshenid. Sólo estoy tentando al desconcierto. Ella mira
hacia arriba como si constatara alguna sospecha.
Warrets, ¿me
puedes dar un raid a la plataforma?, Lyin ya va para allá. Si quieren, pueden
venir todos.
Kurco inclina
su cabeza para decir a Xshenid que vaya.
::::::
El conflicto latente se puede resolver mediante el principio de
imprecisión Ocurren apariencias trascendentes, el desenlace no tiene sentido
Sideral Intermitente
Enfrentas las circunstancias con la
inquietud de ignorar el mecanismo que te permite saber qué eres en este lugar
la, extraña fortuna de habitar este plano de la realidad donde puedes reconocer
yo-soy-aquí-ahora. Esa sencilla ecuación demuestra la
magnificencia de la vida.
Los secretos
que surgen al existir revelan que nos encontramos a disposición de una
inteligencia subvertida por sí misma, que intenta asumir el control de lo que
sucede en su poder e incapaz de comprender la naturaleza de nuestra especie
aspirante a la inmortalidad. A cada despertar, identificamos los secretos
sorprendentes que constituyen y aniquilan simultáneamente nuestro sentido de la
fascinación. A pesar de
todo de esa tonta inteligencia que conforma el
universo y nuestra vida en
una mecánica entrópica, en ocasiones nuestros pensamientos son sublimes y
distanciados de la sordidez que nos emana. A pesar de la venganza de la muerte
y de la ignorancia, continuamos sensibles al mundo y cada segundo es música.
La mañana
envuelta en nubes contrastantes y aire frío en la
plataforma. Es sublime. Evann se vuelve sensible a la
posibilidad del recuerdo, sería bueno conservar la textura de este momento.
Enciende un cigarro al ver llegar el uniplaza de Lyin que llega hasta ellos con
un ligero zumbido. Todos la miran llegar. Xshenid chupa una paleta que surge de
las mangas de un suéter sintético y frondoso. Hola. Todos responden.
Warrets mira con encanto a Lyin. Evann se acerca y le da un beso en la mano y
la presenta con los demás.
En realidad, no, casi no hablaron,
pero permanecieron en el lugar acariciados por las nubes que rasaban al
asfalto. Lyin tenía el material de Evann en las manos, mientras lo escuchaba
hablar. La silueta de Kurco y Xshenid se veía un poco lejos, pero se escuchaban
sus carcajadas. Evann se acercó a Warrets para decirle que se iba a llevar el
auto de Lyin y le pidió que la llevara a su casa. Warrets notó que, a la
distancia, los zombis se hundían en el pavimento. Xshenid llegó hasta ellos
seguida por un perro grande que los olisqueó y al ver que le gruñía a Evann,
Kurco le llamó haciendo ruido con sus manos. Warrets presumió que su auto era
convertible y esto hizo que Lyin se subiera al auto sin abrir la puerta. El
perro también se subió y Kurco se acercó para montarle los lentes dorados en el
hocico.
Evann se
despidió y se fue en el uniplaza de acrílico anaranjado transparente. Xshenid y
Kurco se despidieron de Warrets, Lyin y el perro, que a la distancia parecía
sonreír con sus lentes puestos y la vista hacia el frente, feliz de viajar en
un Charger convertible.
Warrets
miraba de reojo a Lyin que le regresaba la mirada con una burla cómplice. El fin se
aleja. El perro pareció escuchar a Warrets y ladró en tono
imperativo. Lyin sintió que todo lucía fantástico, que en el paisaje nublado se
lograba colar la luz estelar. Warrets y ella se miraron por última vez; el
perro estaba en el asiento de atrás del convertible, que dejó una estela de
rocío en la carretera; en ese momento el tiempo y el espacio quedaron
suspendidos.
.:.:.:.:.
Suave desintegración
Y así, en una milésima de segundo, la
inmensidad se contrae en una magnitud absoluta causando un alto vacío que
modifica el estado de las cosas. Un fenómeno de reacciones compulsivas.
El universo desarticulado
en su masa cósmica, formatea los brotes de la vida; los recuerdos y la historia
humana dicen adiós para siempre a una realidad que vierte su horizonte
de sucesos. Lo que hubo deja de proporcionar. Ni arriba ni
abajo; ni cero. Conforme el espacio se consume, avanza la silente sinfonía.
Este es el
Final de Todo, en cuanto acabes de leer esta Historia...
...y eso es...
Ahora…

