Teoría de cómo funciona la mente
Por Emmanuel Ciaro
Existo, luego Pienso Dic.,
2024
La teoría de La Mente como Medio Organizacional implica la actividad completa del cosmos y
propone aspectos que trascienden la idealización de resolver una incógnita.
Saber qué es la mente y lo que se deriva de ésta, en primer término, es un
fundamento para reconocer lo que la especie humana significa en un universo que
reúne distintos rangos de complejidad, de los cuales la misma humanidad es uno
muy importante. La posibilidad de que exista vida extraterrestre no debería ser
un tema de interés por el momento, pues la civilización atraviesa por uno de los
periodos más trascendentales en la historia y la contra-idea de que la
humanidad es un fenómeno redundante, supone una falta de responsabilidad sobre
nuestros actos y futuras configuraciones.
Esta
no será una exposición completa de la teoría, sólo es un compendio de
fragmentos que muestran distintos momentos de la propuesta entera, que se
presentará en el libro Sociedad Sistema, en donde se
propone la perspectiva de percibir a la economía como un procedimiento
cosmológico y su interacción con el medio organizacional Mente,
junto con el que configura una semántica (no perceptiva, no consciente) de
secuencias inteligentes, estructuras, fenómenos para organizar los cauces de la
probabilidad.
La introducción a este texto debe incluir una
rápida descripción de la secuencia organizadora incluida en el modelo.
Partamos con la descripción de energía como: Potencial
de transformación de un proceso. El punto inicial de un proceso puede requerir
de reacciones tan súbitas como una expansión de sucesos de 10 a la -32 segundos
(en el modelo hipotético del big bang), hasta de cientos de miles de millones
de años de duración en la evolución de la vida. Con este principio se postula
que la mente es un procedimiento presente en cada iteración sucedida a partir de
cualquier proceso.
Aclaro que, de manera personal, no considero al big
bang como un inicio universal, por la imposibilidad de una nada absoluta; me
inclino más a una versión de universo progresivo que transforma
sus condiciones interregionales y que existe debido a la probabilidad. ¿Por qué
hay algo en lugar de nada? A esta pregunta sólo se puede responder postulando
que la capacidad de los sentidos para revelar determinadas configuraciones de
eso algo o nada son una de las probabilidades regionales
(dimensionales) del medio organizacional Mente. Un importante porcentaje
de los procesos universales no necesitan de interpretación para desenvolverse.
Entonces, un proceso mental funciona a partir de
diversos instrumentos técnicos -en un sentido secuencial de homeóstasis-, antes
de desarrollar posibilidades específicas para un fenómeno como la consciencia. Las
magnitudes mencionadas de emergencia de los eventos
organizacionales -que
pueden ser súbitos o muy prolongados-, producen efectos que alcanzan una cierta
uniformidad por cómo se encuentran constituidos. Un cuerpo sólido, por ejemplo,
se conforma por factores como la temperatura, la abundancia de sus elementos,
la trayectoria que lo impulsó en cierta dirección y los cuerpos con los que
interactuará en su desplazamiento. Si se trata de un cuerpo masivo, su
constancia vectorial, determinará los valores de gravedad que provocarán
reacciones para conservar su integridad particular. Si se trata de un evento
cuántico se deberá a la secuencia de más eventos que configuren un momentum
determinado para constituir las escalas ascendentes. El resultado de estos
modelos genera un fenómeno que ha sido denominado -en nuestro lenguje- Memoria.
La memoria es el resultado de configuraciones que
manifiestan una estabilidad organizadora como efecto de repetición constante.
De este proceso se mantienen las diferentes magnitudes de forma, reacción,
transformación y contención, etcétera, que constituyen a los eventos
observables o percibidos en la interacción fenomenológica. Como componente previo
de una posible consciencia, la memoria produce variables específicas que la
robustecen. La memoria es un efecto de lo conservado a partir de eventos que
proveen de estabilidad a dichos fenómenos. Cualquiera. Se vincula con la mente
desde una función que establece los vínculos naturales de un evento con otro y
que conserva o reorienta un resultado posible. El desorden dentro de una
secuencia de eventos de organización se equipara a la noción de vacío, que
contiene al potencial de energía disponible para generar o formar parte de
cualquier magnitud.
La vida, como resultado probabilístico de las
configuraciones posibles, opera en una trayectoria secuencial manifestada a
partir de eventos que se han repetido en una frecuencia constante. Los procesos
de estabilidad que configuran elementos consistentes para elaborar organismos
unicelulares y pluricelulares, permiten a éstos conservar mecanismos de memoria
que los llevan a desarrollar una trayectoria de evolución y recombinación de
probabilidades.
En síntesis, la manifestación de la consciencia es
producida por la actividad mental como medio que permite, a partir de una
percepción sensorial, abstraer el reconocimiento de la memoria y reaccionar de
manera intuitiva. Al ser el tacto uno de los primeros fenómenos sensoriales
(las células contienen sus órganos como resultado de la interacción con el
medio, de sus necesidades propias y de la facultad de autopreservación), la
ejecución de la memoria permite a un organismo tener referencias de su entorno.
El hecho de que una célula requiera de energía se debe a mecanismos que en
otros organismos avanzados -animales- se describe como instinto; sin embargo,
en un estadio inicial, la memoria induce a la intuición de que la energía se
adquiere al consumir alimento y que su constitución básica -que complementa los tejidos
del organismo- permiten concretar necesidades primarias. Autocontención y
consumo de energía son de las primeras condiciones requeridas en un organismo
primitivo, pero el medio irá desarrollando niveles de interacción que
comenzarán a complejizar su desempeño. La naturaleza del comportamiento
posibilitará que un organismo consuma a otro, que prevalezca sobre distintos
grados de hostilidad y que encuentre formas de reproducirse, que en escala
celular será la subdivisión.
Después de la articulación mental (medio
organizador) y de la memoria como efecto de preservación de la información
articulada en cada proceso, la intuición es lo que induce a un organismo a
reaccionar al medio y a sus necesidades propias. Sin un cerebro, organismos
unicelulares pueden identificar si deben atacar, defenderse, consumir,
desplazarse o permanecer, así como la necesidad de conformar unidades orgánicas
complejas. En escalas mayores de estos organismos, la intuición refina
mecanismos narrativos de percepción, complementados por sentidos
desarrollados a partir de necesidades específicas del medio. De esta forma,
además de los sentidos más comunes, se pueden agregar la ecolocalización, la
referencia electromagnética o la identificación bioquímica (feromonas en
hormigas).
Los cerebros de organismos más desarrollados
funcionan de formas diversas. Por ejemplo, las plantas son una red de
intercomunicación que reacciona a los cambios del medio. Otro son las hormigas,
las cuales hacen funcionar a cada hormiguero como un cerebro dinámico. Los
cerebros íntegros, contenidos en un organismo individual, proveen de cualidades
a su cuerpo constituyente. En éstos, la memoria es un efecto que funciona a
partir de diferentes eventos. Las células contribuyen desde su propia escala y reaccionan
con un grado relativo a las necesidades del organismo completo. Es entonces
cuando los tejidos especializados para reaccionar a los estímulos exteriores
van distribuyendo la información identificada, hasta hacerla llegar al cerebro,
que comandará la reacción o conjunto de reacciones que se vayan derivando del
proceso inicial. Por ejemplo: Un hombre baja las escaleras y alguna distracción
perturba el cálculo autónomo que lo hace descender por una estructura sin que
tenga que poner atención a cada movimiento. La distracción provocará que la
dinámica del descenso se entorpezca y que los tejidos oculares reaccionen a una
recolocación espacial para evitar que el hombre caiga. En este ejemplo, la
información involucrada desde los pies, hasta los sentidos, el cerebro y los
reflejos musculares, ejecuta diversos niveles de eventos mentales que suceden a
distintos ritmos, aunque podrían parecer simultáneos. Aquí se describe sólo un
instante, pero las capacidades físicas se encuentran en función permanente a
cada fracción de tiempo e involucra múltiples niveles de respuesta a los
estímulos que corresponden a cada escala de acción.
Es necesario hacer énfasis en que la memoria
cerebral se manifiesta a partir de distintos mecanismos que actúan de manera
simultánea, pues los diferentes enfoques para definir su naturaleza involucran aspectos
bioquímicos, fisiológicos y electromagnéticos. Un evento mental que emerge del
medio, afecta al organismo entero y la información adquirida se concentra en la
terminal cerebral en distintos formatos: corriente eléctrica, permanencia
bioeléctrica en tejidos e interacción no-consciente, por mencionar los más
reconocibles. En el modelo aquí presentado, se propone, además, la retención
electromagnética de la experiencia individual como interface de información
acumulada por la actividad organizadora. La intervención de un cerebro se debe
al potencial experimentado por procesos sucedidos en los condicionantes de una
realidad elaborada por nuestros sentidos. El uso del término “narrativa”
es un recurso que define a las secuencias probables que componen la trayectoria
de un organismo íntegro.
Uno de los efectos trascendentales de estos
mecanismos vinculados a secuencias reconocidas como inteligentes, es la
manifestación de la consciencia en organismos complejos, debido a la actividad
mental proveída por el medio y concatenada en un tejido que se relaciona con
éste en distintos niveles, desde la experiencia celular, hasta la información
percibida por los sentidos.
En el libro de la Sociedad Sistema se desarrollará de manera
más elaborada el rasgo mental del Yo, pero la
experiencia subjetiva se puede resumir como efecto de la interacción de la
consciencia con el medio, donde la intuición y la memoria permiten estabilizar
una interface cognitiva que lleva a la interpretación informacional de lo
percibido desde un tejido de referencia dinámica en todo componente corporal.
Cada organismo íntegro adquiere su propia experiencia y los que cuentan con la
capacidad de percibirla, manifiestan distintos grados de interacción con el
medio. En el caso humano, el lenguaje es uno de los mecanismos más útiles para comunicar
su experiencia de manera individual, por lo que la denominación de un Yo supone a la referencia primaria de interpretación. Otros
organismos cuentan con niveles de lenguaje que pueden alcanzar una alta
complejidad, pero lo que diferencia a los humanos en el grado de interpretación
mental, son sus estructuras orgánicas, que aportan la capacidad de conservar,
mediante un lenguaje articulado y memorizado, capacidades verbales, proyección
semántica y modos psicológicos (curiosidad, personalidad, emociones, etc). La
razón y el pensamiento, en este sentido, resultan ser interpretaciones con
sutiles variables complejas, transmitidas entre los individuos como mecanismo
empírico de la experiencia mental inicial.
La memoria es un proceso de autoregulación de
sistemas con un desarrollo relativo de efectuación. Por supuesto la consciencia
es el resultado de mayor complejidad, pero en la mente y la memoria están los
procesos fundamentales. Los estratos de materia y las frecuencias (que en
términos cuánticos se reconocen como colapso de onda) han interactuado
siempre. La mente establece el ritmo de procesos que construyen el
entorno. Todas las leyes que reconocemos de manera consciente en el cosmos son el
resultado de una actividad mental, no perceptiva, no consciente, que opera en
una no-realidad. Esto quiere decir que la mente es una sucesión de eventos
locales con interacción no local, los cuales operan como un mecanismo entrópico.
La realidad es un término con el que definimos lo
percibido por los sentidos. A partir de esta definición es más sencillo
identificar los niveles consecutivos de consciencia que pueden emerger de dicha
sincronicidad. De la actividad mental que se encuentra activa en el
comportamiento de la materia inerte, pasamos (en términos generales) a la
consciencia biológica propiciada por la necesidad de interactuar con el medio
con resultados más eficientes. De esta manera las plantas, los animales y otros
reinos adquieren su nivel de consciencia. La intuición para darle un
significado a lo percibido, es un nivel más. Si se tiene la constitución
ergonómica para comunicar lo percibido, el espectro consciente se expande. Ahí
entran algunos animales.
La consciencia racional es, hasta ahora, el nivel
óptimo de consciencia para interpretar el universo. Los seres humanos somos los
únicos que podemos comprobar que alcanzamos este nivel cognitivo de consciencia.
La postura de Lamark indica que los caracteres
adquiridos se heredan, mientras que para Darwin las mutaciones ocurren al azar.
Las dos son posibles dependiendo de las condiciones que conformen un proceso,
pues esto incluye a la materia inerte; o a una perspectiva metabiológica en un
nivel cultural. La sincronía de dos o más eventos sincroniza su posición
espacial y, mientras éstos no produzcan la sincronicidad que los lleve a
experimentar un tipo de interacción, los eventos conservarán su relatividad
propia para mantenerse independientes entre sí. Esto es: la sincronía y la
sincronización -que representan al tiempo y al espacio, respectivamente- pueden
posicionar a dos eventos en un mismo cuadrante, pero si no hay sincronicidad entre
ellos, este propio tiempo y espacio representan condicionantes cuya
representatividad es distinta para cada uno.
La mente produce una proyección geométrica entre
escalas, debido a que mantiene la estabilidad de coordinación en los sistemas
particulares de cada escala de comportamiento y dimensiones (cuerpos inertes o
materia orgánica). Esta función fundamental reproducida y complementada por
otros procesos y en diversos estratos, determina las probabilidades de
estructurar otro individuo a una escala mayor. La célula despliega el
constructo mental específico de sus condicionantes e influye en el
desenvolvimiento del organismo del que forma parte. La actividad mental
involucrada en este proceso se define como la sucesión de eventos que le son
específicos a su ámbito y con retroalimentación continua que ejecuta factores
constantes de modificación. Una roca pequeña que ha permanecido durante un
cierto periodo de tiempo en su entorno, experimenta la acción mental mediante
los factores del medio -sin capacidad de percibir-, por lo que distintos
acontecimientos conformarán la actividad mental que le corresponda. A
diferencia de los condicionantes de la célula, aunque la roca es una entidad
pasiva, las variables de su ámbito son mayores. Célula-roca;
orgánico-inerte; activo-pasivo; contenedor, contenido-entorno (libre); factores
de interacción específicos-diversidad de factores.
Expuesto de esta manera, cualquier evento deviene
de una secuencia mental. Esa roca en inercia en el espacio exterior o en reposo
en un desierto, aquí en la Tierra, que no experimente modificaciones
cualitativas o cuantitativas aparentes (por relatividad), está integrada a una
actividad mental. Esto debido a la actividad cuántica de campo electromagnético
que se produce sin necesidad de que existan sentidos por medio de los cuales se
perciba y se interprete un tipo de realidad.
A partir de este punto, la manifestación de la
consciencia es un fenómeno probable que depende de distintos factores entre los
cuales, la constitución de estructuras, tejidos y órganos de coordinación de
lenguaje, son importantes para estimularlo. Las teorías que incluyen la
gestión de la información (epifenómeno o trabajo global) y los parámetros
cerebrales, complementan los condicionantes que la hacen posible.
Tomando como referencia a una orquesta de música,
la mente sería la mayor parte de sus componentes: las partituras, los
instrumentos, los músicos y la música misma. Todos los componentes son eventos
que se manifiestan en el cosmos. Energía, reglas, ritmo, materia y entes. Por
ejemplo, las células ejecutan procesos propios, como la mitosis, para
mantener la actividad-vigencia de su medio y sus reacciones como individuo
íntegro lo afectan, ya sea para sustentar el proceso de subdivisión o para
enfermarlo, en términos simples. Todo esto puede existir y se encontrará
operando de forma probabilística. Lo que sucede con la consciencia le
corresponde al compositor, cuya influencia se encuentra delimitada por la
escala a la que opera.
La mente es una manifestación continua que se
activa con la interacción de la energía, que, a su vez, estructura a la
materia. Este tipo de actividad no necesita consciencia, pues la mente
establece las correlaciones de la energía y regula el funcionamiento del
cosmos. La mente, sin adjudicarle una función "creadora", es la
interacción de los ritmos a diferentes escalas de todo lo que existe, aun
cuando no es percibido por el fenómeno consciente.
Lo importante de conocer el secreto de la
consciencia no es el cómo sino el para qué. ¿Cuál es el beneficio de comprender
estos aspectos? Ese es el verdadero enigma. El crecimiento del bienestar es uno
de los más inmediatos. Ser felices. Pero reorientar el comportamiento humano es
el mayor beneficio de todos. Expandir nuestra civilización hacia el espacio
exterior en condiciones muy distintas a como pretenden llegar los humanos
contemporáneos; algo contrario al expansionismo del poder comercial, un
propósito que no corresponde a las condiciones de la información y el
conocimiento al que tenemos acceso.
En el proceso de intentar una comprensión sólida
sobre la consciencia, surgen cuestionamientos que una posible teoría sobre la
consciencia debe responder, pero uno que, en lo personal me intriga, es cómo corresponde
la semiología de la experiencia con el fenómeno. ¿Cómo se configura la sintaxis
entre un evento y lo percibido por los sentidos? Por ejemplo, por qué un aroma agradable
representa a un fenómeno también agradable. Lo mismo sucede con lo visual, lo
táctil o los sonidos. En principio se trata de una categorización subjetiva
(cada individuo lo experimenta de manera distinta), sin embargo, la apreciación
de los procesos corresponde a una cierta definición agradable o desagradable,
con sus respectivos niveles de intensidad. En términos estéticos, también
sucede de la misma forma. En cuestión de conceptos, es similar. Una posible
respuesta sería que la categorización está basada en la correspondencia del
estatus de un proceso, con la equivalencia del resultado posible. Observar,
oler o ingerir un alimento en descomposición es desagradable por representar a
un material orgánico que ya no será útil. La subjetividad en distintos aspectos
continuará desplegándose en un patrón de probabilidades mediante el cual las variables
crean combinaciones lógicas y otras inauditas. En el comportamiento psicológico
se pueden reconocer los distintos grados de estabilidad, en donde lo que
aparenta ser inestable, más bien pertenece a facetas distintas de esta misma
condición.
Si existen perspectivas adecuadas a la comprensión
de la consciencia podría quedar respondido el cuestionamiento de cómo se
mantiene fija una consciencia correspondiente a un cuerpo y la experiencia del
Yo. Esto se podría resumir como términos secuenciales de la experiencia. El
medio organizador Mente elabora la actividad de probabilidad que
posibilita la manifestación de vida orgánica; la información del entorno
desarrolla un comportamiento intuitivo que revela un estadio de
protoconsciencia; el reconocimiento del entorno por medio de los sentidos
conserva un factor de amplitud de memoria en formatos orgánicos y
electromagnéticos (permanencia bioeléctrica en tejidos e interacción
no-consciente, retención electromagnética de la experiencia individual como
interface de información acumulada); la conformación de estructuras orgánicas
para elaborar un lenguaje que permita la reproducción de la información
interpretable; interface cognitiva de interpretación informacional desde un
tejido de referencia dinámica; proyección semántica y modos psicológicos;
mecanismo empírico de experiencia mental inicial.
Para concluir con este
tema, se expone la hipótesis de que la consciencia es un fenómeno derivado del
proceso organizacional de una actividad mental cosmológica no perceptiva que se
manifiesta en un entorno de no-realidad. El universo, en su actividad organizadora
-en el sentido más estricto del término-, es un proceso mental y la realidad es
una descripción cognitiva de este proceso. El universo no requiere de sentidos o de una "realidad", porque su
actividad mental no manifiesta una entidad sino un procedimiento.
Tres
temas importantes que podrían quedar como referencias para una comprobación de
la hipótesis:
·
¿Son los sueños, los fenómenos paranormales y
capacidades como la premonición y la clarividencia, un estado de vigilia lúcida
que elude los condicionantes de espacio y tiempo -sincronización y sincronía-? ¿Se
puede reconocer una categoría de lo inconsciente para comprender la presencia
de un fantasma como algo posible? El inconsciente y el subconsciente podrían
ser parámetros de interpretación de lo posible a partir de una no-experiencia.
·
¿Cómo se comprendería el procedimiento de
digitalizar la consciencia para ser respaldada o transmutada de un cuerpo a
otro?
·
¿La metacognición en NeuroX(IA) podría funcionar
como inhibidor evolutivo de la consciencia?
Esas son las siguientes preguntas a resolver.
Antes de terminar se adjunta una visión pertinente
sobre el ajuste fino.
El ajuste fino del sistema solar
implica que numerosos factores han configurado el entorno adecuado, en
principio, para el surgimiento de la vida, pero, además, de una especie con la
inteligencia necesaria para conocer los detalles de su mundo y de sí misma. El
tamaño de la estrella que rige el sistema solar es idóneo para retener
gravitatoriamente a cuerpos que tienen la función de resguardar la integridad
de los organismos que habitan el planeta Tierra. Las posiciones de planetas
como Júpiter y Saturno, absorben en su atmósfera a cuerpos vagantes que puedan
afectar la estabilidad de nuestro planeta. La distancia, la temperatura y los
ritmos de interacción son aspectos críticos importantes. Las estructuras
transplutonianas como la nube de Ort y el cinturón de Kuiper han tenido
funciones específicas en distintos aspectos y periodos cósmicos. La función del
satélite lunar para crear ciclos atmosféricos y meteorológicos, establece una
sincronicidad orgánica. Hacia el interior del planeta, se pueden identificar
otros aspectos que son fundamentales para la existencia de la vida como la
diversidad de elementos útiles, de los cuales se destacan el oxígeno, el
hidrógeno, el carbono, el helio, mediante los que se conforman recursos tan
fundamentales como el agua, la cual existe en cantidades óptimas para el
sustento de la vida. Si a todo esto -que son aspectos aún muy generales-, le
aunamos la existencia de recursos que permiten el sustento de una civilización,
es comprensible que el Principio Antrópico sea una de las explicaciones
inmediatas, pues su postulado implica que todas las condiciones que integran al
hábitat de la vida parecieran haber sido dispuestas para su manifestación. Sin
embargo, también es probable -y no poco probable- que, dentro de la actividad
organizadora, el fenómeno de la vida haya encontrado un medio en el cuál
pudiera adaptarse a pesar de las complicaciones que existen como en cualquier
otra región del cosmos.
En este caso, es la concentración de la consciencia
lo que llama más la atención por las implicaciones de lo que esto significa. Si
la vida no es una constante proporcional en la vastedad del cosmos, la
actividad mental prevalente como consecuencia de la energía, presupone una
derivación creciente de los eventos sucedidos en ésta, por lo que el canal de
consciencia que recibe tanto actividad cuántica como de magnitudes superiores
-fenomenológicas-, es un verdadero catalizador de información y eventos
relativos -sucesos en sincronicidad- que puede convergir en fluctuaciones mayores
a las identificadas hasta el momento.
Las condiciones del entorno que alberga vida son un
resultado causal, una consecuencia de la actividad relativa de repetición de
condiciones que van de procesos que pueden ocurrir en lapsos de 10 a la -32,
hasta cientos de miles de millones de años de duración. Todas las condiciones
cosmológicas, que incluyen leyes identificadas por nuestra interpretación, son
probabilidades de energía. Lo que experimentamos como seres vivos, conscientes
y racionales, es la posibilidad improbable de lo complejo. El fenómeno de la
consciencia reúne el bagaje de fenómenos cosmológicos y los concentra en la
terminal cerebral como experiencia local, de interacción no local.
En nuestra región del universo se concentran los
aspectos más especiales de un cosmos que se encuentra en constante
transformación y no necesariamente se conserva el ajuste fino invariante,
porque sus factores cambian y reajustan valores de manera proporcional.
La entropía, no es sólo desorden, es probabilidad. La
actividad de la energía tiende a una aparente desorganización, pero en nuestra
configuración, los sentidos perciben y funcionan a partir de esa fenomenología
que se ha estructurado a nivel cuántico, a nivel sensorial (con sus propios
requerimientos para funcionar) y en nivel astronómico.
La actividad mental es un medio organizador porque
no hay manera de que no lo sea, configura todo lo probable, aunque no sea
percibido. Lo importante de todo esto es que nuestra especie sí percibe y con
ello elabora nuevas estructuras. Las máquinas, por ejemplo, independientemente
de los condicionantes de consciencia con los que contamos, han sido develadas
por un proceso mental y su actividad es un proceso mental propio. La mente
excede a la función cerebral. Su proceso causal configura estructuras cósmicas,
lenguaje y técnica propios y la base fundamental en la escala cuántica.
Comprender el comportamiento Mental como Medio Organizador
No-consciente, no determina un absoluto para la comprensión de la
consciencia, pero sí permite despejar la percepción de lo mental como un rasgo
alojado en un cerebro y evidencia el procedimiento de procesos que reflejan la
coherencia y la estabilidad, por medio de las cuales, la vida es posible. La realidad
identificada por los sentidos que retroalimentan la consciencia es una versión
de lo que existe, una configuración que le corresponde al ente humano como
receptor de cada fenómeno del cosmos.
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