por Emmanuel Ciaro
Como un surfer que monta ondas de luz, el Viajero del no-tiempo
emerge de un traslape dimensional que lo ubica en las coordenadas del planeta
Tierra para observar los acontecimientos que están por ocurrir. La energía que
emana de ese lugar resulta ser de lo más interesante; sin embargo, dos ideas
retienen su atención sobre el comportamiento de los seres que lo habitan. La
primera es que la especie que regula la actividad interior ha alcanzado un alto
grado de desarrollo que proyecta una influencia contundente hacia afuera del
planeta. Su dominio de la energía demuestra una avanzada comprensión sobre la
estructura fina de la materia y el tejido de las atmósferas. Un poco más
sencilla, la segunda idea se centra en la falta de compromiso sobre sus actos,
porque, desde la perspectiva del Viajero, las motivaciones de la especie que
observa son superfluas y de un rango inferior que no corresponde a su
capacidad. Estando ahí, en el borde de sucesos dimensional, la entidad del
no-tiempo piensa: “Distraída con sus aspiraciones de control, acumulación y
sometimiento, la humanidad permanece indiferente ante la magnificencia de esa
gota flotante que se traslada alrededor de su estrella. La mayoría de los
planetas tienen una conformación rocosa o gaseosa y su violencia impide que
aflore la vida. Este planeta, en el que la probabilidad ha designado que cada
aspecto de la secuencia que lo constituye permita la existencia de vida y,
además, una especie consciente y racional, representa la mayor concentración de
aspectos esenciales en el universo. En el futuro más próximo, la transmutación
de su paradigma cambiará la denominación de la Tierra a HiOx, un
término más apegado a las cualidades reales de su composición.” El Viajero del
no-tiempo continúa sus consideraciones desde esa posición distante, pero no
lejana.
“Al amanecer lo asumen
como un nuevo comienzo. Aún no reconocen que el día y la noche son continuación
uno del otro. No han aprendido la lección de que cualquier cambio ocurre en
cualquier momento. Una adolescente recibe aquella impresión anormal al cortar
la fruta de su desayuno. Kiwi; fresas; durazno. Los colores se ven muy
intensos. No sabe si ha continuado con su propósito. Sale a la calle a
verificar eso que ha llamado su atención; los árboles se mueven en silencio.
Algún auto pasa junto a ella. En la distancia mira a un joven alto, vestido de
mezclilla y cazadora. Atraviesa la calle como intentando quitarse algo de
encima. Ella no se alarma porque parece algo normal. De hecho, le quita la
atención y vuelve a los árboles que mantienen su danza suave y silenciosa. El
cielo azul contrasta con los claroscuros del follaje, lo que en algún lugar se
nombra Komorebi. Juegos de luces y sombras con el fondo azul del cielo. De
nuevo: la intensidad de los colores es extraña.” El Viajero
comienza su proceso de sincronía. No se encuentra en ningún lugar
en específico, sólo tiene que adoptar el entorno del tiempo.
Hay mucho que observar, aunque todo es muy parecido; a veces piensa que el universo es aburrido. Pero los paisajes hipnotizantes que estimulan sensores masivos, incluso en ese mismo instante, le borran esa impresión poco adecuada. La memoria sin tiempo es como un sueño, pasa de una configuración a otra sin que la entidad pueda retener algo en particular. En el entorno del tiempo le sucede algo similar. Es como sentir una corriente de viento que lo vuelve sensible a los fenómenos de una manera más intensa. El Viajero comprende que, en su condición, el tiempo no existe. Es por eso que la humanidad le sienta bien; la vida en HiOx le entusiasma. Lo extraño es que, esta vez, su propósito no es circunstancial. Tiene que comunicar que algo atroz está por ocurrir.
El joven que parecía distraído es más bien serio. Coincide con el trayecto de la chica e intenta adelantarla, pero no lo logra. Ella no se ha dado cuenta, pero cuando lo ve no le da importancia. Él la observa y sonríe; en vez de intentar rebasarla, comienza a caminar a su lado. Ella lo mira sin decir palabra. Nota que el silencio predomina a pesar de los pasos conjuntos. Los autos tal vez se escuchan al pasar, pero no se oyen. Es como si prevaleciera la atención conjunta de los sentidos por sobre una atmósfera sonora.
- Oye, ¿estás bien?
- Ssh… ¿escuchas?
- No. De hecho, no escucho nada. Es decir, definitivamente mis oídos se sienten extraños -Ella lo mira como si lo hubiera reconocido- Me llamo Orlando. Puedes decirme Lando -Ella sonríe.
- Calrissian.
- Exacto.
- Yo soy Valeria.
Los dos caminan un tramo largo y de pronto Valeria se da cuenta de que han llegado a la fábrica que está en el límite del poblado, entonces se detienen.
- Ya estamos muy lejos -Él la mira con cierta condescendencia- A dónde vamos -pregunta ella.
- No lo sé. Yo sólo te sigo. ¿Quieres un cigarro? -Ella niega con la cabeza. Lando saca uno y lo enciende. En esa atmósfera, la chispa del encendedor y la combustión del tabaco ardiendo suenan como si estuvieran amplificados. Valeria lo mira y él le extiende el cigarro. Ella fuma y el humo parece permanecer, pero sucede porque no hay corrientes de aire y eso mantiene la conformación del humo más tiempo. Un auto se acerca y se estaciona al final de la calle. Lando le hace una seña y continúan caminando.
El Viajero sigue su reflexión mientras los observa. “No es una cuestión moral o ética. Si tan sólo se dieran cuenta de que esta vida simple les daría para disfrutar más. Pero no es así, debo comprenderlo; sin embargo, afectan de manera recíproca mi propia permanencia. El problema es que mi condición es continua y la de ellos no. Sus vicios humanos les impiden apreciar la importancia de su presencia. Casi puedo reconocer que soy consciente gracias a ellos. Hay veces que no puedo asumir que es su responsabilidad y pienso que ellos tan sólo reciben las mareas de retroalimentación. De cierta forma el cosmos es la medida de su entropía. Una especie que puede ser perfecta, no lo es. Pero son responsables porque su grado de consciencia tiene la potencia de advertirles y parecen eludir esta capacidad con gran destreza; su comportamiento me afecta.
“La energía tiene un umbral de retroalimentación que absorbe ciertos excesos de magnitud. Los cataclismos astronómicos, por ejemplo, expiden una configuración que es muy placentera. Una estrella se desintegra, pero de este evento emana mayor actividad. La fusión de galaxias es una catarsis abismal, que deriva en la comprensión de lo indómito. En la escala de partículas, cada fenómeno que se despliega es como sentir cosquillas que pueden transformarse en una sinfonía oscura y furiosa, cuyas fluctuaciones conducen hacia una amplitud de estados mentales a los que debo mi particular forma de existencia. En este ambiente, la retroalimentación dimensional energética manifiesta un mar intangible con el que mantengo una conversación que no es intelectual, pero que asemeja el comportamiento entre un humano y un animal. Su actividad es una clase de música que lo mismo puede ser una suave melodía o una imponente abstracción de frecuencias.
“Pero con la humanidad ocurre algo erróneo. Su indiferencia alcanza niveles desconcertantes que la llevan a un conflicto absurdo consigo misma. La guerra, como mayor efecto de su soberbia, no tendría nada que no haya experimentado ya con las otras manifestaciones de poder, si con ello no estuviera en riesgo la evolución de complejidad que integra lo que todavía representa su existencia. Su especie y la vida entera podrían dejar de existir si se debiera a un devenir cosmológico que reconfigurara las escalas de lo orgánico; pero al tratarse de esta condición de indolencia hacia su propio hábitat, la humanidad se revierte en el universo como una criatura que no muestra coherencia alguna. He interactuado con otras clases de manifestaciones autónomas similares a mí, con características fundamentales que tienen una conexión en la Tierra; y los humanos también, pero ellos aún no alcanzan a comprenderlas. Desean demostrar que hay vida en otras regiones del universo, pero sólo especulan para saber cómo deshacerse de ella; se preparan para una confrontación. Si tan sólo supieran que son el único brote de vida compleja en eones, podrían valorar el lugar tan especial que ocupan en el cosmos. Por este motivo, deben tener la oportunidad definitiva para sobrevivir.”
Sincronización
Lando y Valeria caminan bajo el sol sin sentir ninguna afectación. Llegan al poblado que está al cruzar la carretera. En el cielo se conforma una nube lineal que apenas es reconocible. Un hombre y una mujer adultos salen de un inmueble incierto. Valeria y Lando pasan a su lado.
- Lando. Tengo miedo -a él se le borra la sonrisa cuando se da cuenta de que Valeria habla en serio.
- Calma. Somos jóvenes, no tenemos que reaccionar así tan rápido.
- A qué te refieres -Valeria se siente como reconfortada de pronto.
- Sí. Estamos caminando sin rumbo. Es algo que tal vez no habías hecho antes -ella asiente, pero argumenta:
- No es eso. Es que… Claro, nunca había hecho esto.
- ¿Esto…?
- Sí, como dices, caminar sin saber qué está pasando. Ni siquiera he pensado en mis padres. Y luego tú: apareces de la nada y es como si fuéramos amigos sin conocernos.
- Así es, Valeria. Así es.
En ese momento un hombre viejo de cabello y barba canos se les empareja. Parece confundido y asustado. El hombre los mira y saluda:
- Hola, jóvenes. Discúlpenme, pero me gustaría saber si ustedes saben lo que está pasando -Valeria y Lando lo miran con extrañeza y niegan sin ser conscientes de ello. El hombre continúa- Desde esta mañana comencé a tener una sensación peculiar que me puso en alerta de inmediato. A mis años, este tipo de impresiones ya no son algo normal. Cuando salí de mi casa comencé a caminar sin orientación alguna y de pronto vi a gente que parecía igual de extrañada que yo. A lo largo del camino he estado escuchando que el éxodo ha iniciado ya- Valeria pregunta ¿Cuál éxodo?
En ese instante, Valeria voltea hacia atrás. Lando también gira y descubren a una multitud de personas que caminan a lo largo de la amplia avenida. Algunas personas lucen atemorizadas y otras llevan semblante apacible. Valeria mira hacia Lando, quien le devuelve la mirada, desconcertado. Ella comienza a fijarse más e identifica a la pareja de adultos con los que se habían encontrado al verlos salir de un edificio. Y más allá, descubre a sus padres, que parecen no ir juntos, van relativamente cerca uno de otro, pero parecen hipnotizados. En ese momento, Valeria siente la mano de Lando que sujeta la suya. Él le transmite una sensación que combina melancolía y euforia. El viejo comienza a hablar de nuevo:
- Debe ser que la guerra nos ha alcanzado al fin. Era cuestión de tiempo que ocurriera. En esta región no la hemos experimentado, pero las señales ya son muy claras. Los bombardeos se han acercado y las intenciones de un exterminio masivo ya se habían comenzado a revelar. Cada vez los grupos de poder se han expuesto con mayor desenfreno. No están dispuestos a reconocer que su procedimiento los llevará a desaparecer; incluso a ellos mismos. Van guiados por su doctrina de que la guerra es un recurso civilizatorio, pero no perciben que el conflicto es inconveniente, no sólo para preservar la paz sino para conducir a la humanidad más allá de este planeta.
Sincronicidad
El Viajero del no-tiempo comienza a experimentar una evolución que lo lleva a considerar que él mismo se encuentra en peligro, pero más allá de sentir temor, está determinado a concluir con el proceso que ya ha iniciado. Gradualmente las dimensiones colapsan y percibe una aceleración que no es espacial sino a una clase de magnitud que no conocía. Siente cómo el efecto de las partículas alcanza una reverberación simultánea que empalma los vectores en una singularidad estruendosa. Intuye un instante de alarma. El tiempo lo ha integrado a la conjunción de sincronía, sincronización y sincronicidad que elabora la realidad de los humanos. Entonces piensa: No hay mucho más que pueda hacer por ellos, será el proceso mismo lo que les de a conocer su condición definitiva.
Lando, Valeria y los que vienen con ellos presencian una noche irregular. Detrás de ellos se extiende una oscuridad con estrellas, pero a la mitad de su recorrido, hacia el frente de como caminan, el cielo permanece azul profundo. Valeria siente que su corazón se acelera y percibe todas las clases de amor que aún no ha vivido. Esto parece transmitirse hacia Lando, quien la mira de reojo con vértigo en el estómago. Los dos comprenden lo que está ocurriendo, pero también saben que el acontecimiento rebasa de manera exponencial a cualquier emoción que pueda tomar lugar en ese momento.
En el horizonte, soles diminutos aumentan su tamaño conforme se acercan a la atmósfera. Lando continúa avanzando casi hipnotizado. Cuando su mirada encuentra la de Valeria, ella sonríe con una tranquilidad que le impide ceder al grande temor que se acumula en su interior. Al avanzar, las estructuras en el cielo adquieren una solidez atemorizante. La nube que antes parecía ser una tímida línea en el cielo, se ha transformado en una especie de montaña de tamaño inconcebible, con destellos que en otras condiciones los habría dejado ciegos para siempre. Lando toca a Valeria para que voltee a mirar a las personas que los han adelantado. El conductor que habían visto estacionar su automóvil, tiene semblante de completa ausencia mientras camina dócil como un autómata. El hombre de barba y cabello cano lleva una sonrisa en los labios. Valeria cree poder sonreír como él y se detiene. Lando intenta hacer que siga caminando, pero ella resiste y él frena sus pasos. La multitud se aleja. Ellos se mantienen quietos mientras observan la procesión autómata. Desde aquí veremos mejor, dice Valeria.
La iluminación desde el hemisferio oscuro emite una luz rojiza, pero la temperatura permanece constante. Es sabido que una galaxia podría chocar con la suya en algún momento, pero sucederá dentro de miles de millones de años. Valeria descarta que sea eso lo que ocurre frente a sus ojos. Al observar el umbral que reúne la noche con el día piensa que está perdiendo la cordura. Entonces, Lando se interpone en su campo visual para besarla por largos minutos en un acto de entrega total. Un umbral de radiación recorre de horizonte a horizonte en pulsos que descienden de velocidad hasta mantenerse en una longitud amplificada, acompañada de un sonido grave y pausado que acompasa el espectáculo de reflejos a escala sideral.
En el hemisferio diurno, la conformación montañosa suspendida en el cielo, manifiesta una apariencia más definida. El mayor porcentaje de superficie en aquella singularidad cosmológica, luce extensas regiones rocosas color óxido que emiten ligeros destellos cromados en azul y plata, rojo y dorado. Un empalme dimensional que revela la absoluta presencia del Viajero del no-tiempo, quien no necesita pronunciar conceptos. El albedo de luz y oscuridad proyecta la persistente conflagración humana: gozo y miedo; paz; turbulencia; placer y conflicto. Valeria no aguanta más y se encoje de rodillas en el suelo mientras suelta lágrimas sin cerrar los ojos. Lando no puede evitar soltarla y se entrega a contemplar lo inconcebible. La correlación sustancial entre consciencia y materia, transforma la esencia de un alto porcentaje de la población en energía. Entonces, quienes conservan su cuerpo, atestiguan la conversión lumínica de cuerpos humanos en poderosas ráfagas que vuelven transparente cielo y tierra. Los convertidos, ascienden con un vértigo súbito al separarse de la superficie mientras son incorporados a la profundidad del firmamento.
Lando se reúne con Valeria sin cerrar los ojos. Caminan extasiados entre la actividad hipnotizante de aquellos seres que no regresarán. La cantidad de sobrevivientes es muy menor al número de personas que habían llegado hasta ahí. Emociones insólitas arriban como una sinestesia mental que elabora la renovación de sus tejidos corpóreos. De forma gradual, la noche domina la atmósfera y una clase de poliedros dinámicos se hacen presentes; sus tonalidades son siniestras, sombrías. Una frecuencia muy baja se desplaza de manera casi visible por la vibración que produce. Aquel efecto de pulsos pausados y continuos parece transmitir algo que puede ser comprendido. En cada pulso, el mensaje es repetido. Los poliedros juegan en la oscuridad de la noche azulada. Eclipsan la luna o diseminan fluctuaciones electromagnéticas produciendo un viento silencioso. Al descifrar el contenido de ese mensaje apenas comprensible, Valeria suspende su ánimo desbordado. Lando permanece asombrado y aturdido, como si se hubiera quedado en blanco. El mensaje contiene una cantidad abrumadora de información que sería resumida por Valeria tiempo después para conservarlo como único vestigio de aquella experiencia que, dudaría, los demás sobrevivientes habrían conservado más allá de un testimonio alojado en su memoria como el formato inútil de un sueño.
En un muro donde raspó los caracteres con un pedazo de metal y auxiliada por Lando, para recordar con verosimilitud el mensaje, dejaron una versión de lo que habrían percibido durante esa conjunción cosmológica que transformaría la condición de la realidad humana para siempre. Su exégesis expresaba:
“La influencia del tiempo ha dejado de ser presente para la nueva humanidad en HiOx. Los sobrevivientes, a partir de este momento, serán inmortales, pues la necesidad de que el universo pueda contemplarse a sí mismo es más trascendental que cualquier aspiración racional de un individuo consciente. Todas las especies orgánicas han sido cuantizadas. La nueva misión biológica y natural será su dispersión en el tejido universal y cada individuo continuará una trayectoria propia que le permitirá conservar sus cualidades de superposición, entrelazamiento y supersimetría para compartir su percepción con los demás individuos. Descubrir cómo alcanzar esos horizontes será el propósito de la nueva especie. Su éxito en esta fase no tendrá límites.”
Valeria comprendió desde entonces que su condición recién adquirida le llevaría, en términos de la antigua humanidad, a experimentar al amor y a la guerra como una misma sustancia. Cada extremo de conceptos, en el pasado de aquel tiempo que no existiría más, contendría las manifestaciones de la complejidad que su vieja especie, con todo y su sabiduría ancestral, nunca pudo identificar. Lando se constituyó a sí mismo de tal manera, que su interacción recíproca ha conformado ciclos de longitudes arbitrarias pero constantes. Su furor mantiene en equilibrio las inestables certidumbres de la consciencia compartida con los demás inmortales.
Y a partir de entonces,
la configuración de la vida
ya no corresponde a la causalidad
de las probabilidades.
Ahora,
el devenir del cosmos
es el orden
de su propio discernimiento.
La humanidad
no podrá,
jamás,
deslindarse de su verdadero
atributo.
El Ser Universal
No hay comentarios:
Publicar un comentario