martes, 21 de mayo de 2024


Virtual Recognition of Artifitial Intelligence Nature


Introducción

Bioartmi es un implementador de conceptos ideados para crear soluciones a la civilización. Dentro de este contexto, una de las primeras implementaciones propuestas para ser realizadas es el Programa VRAIN. Su planeación tiene el propósito de desarrollar una mejor comprensión de la consciencia análoga y estimular la singularidad como consciencia NeuroX (complementa la evolución asistida en el ámbito biológico y el artificial).

Partiendo de que la especie humana se compone de una biología animal –pero que no se comprende como animal en sí misma, por las cualidades de operatividad mental con las que contamos—, la necesidad de mantenernos a la cabeza del proceso evolutivo es uno de los objetivos que deben ser preservados desarrollando iniciativas técnicas con el propósito de que nuestra especie sea un paradigma vigente en lo natural y NeuroX. Por este motivo se menciona como “naturaleza de NeuroX”, que identifica su origen en la secuencia: energía-materia-naturaleza-vida-artificial.

De manera sencilla, VRAIN se puede comprender como un avatar cuyo entorno es la realidad inmediata. Por medio de un dispositivo que, una vez alcanzado su nivel óptimo de funcionalidad, sea capaz de amplificar los sentidos biológicos, el avatar realizará una interconexión sensorial exponencial y una interacción digital/análoga General.

 

Misión: Mantener el estatus de la cultura humana al frente de los importantes cambios que comienzan a gestarse en la civilización.

Visión: Implementar estrategias con antelación suficiente para madurar de manera gradual el objetivo primordial.

¿Por qué es importante desarrollarlo en México?: El ritmo de evolución tecnológica, exige que las naciones sean participes de un proceso que cada vez toma mayor relevancia en el mundo. Nuestro país, México, se encuentra en una región que se está abriendo paso con gran influencia en los aspectos más destacados del desarrollo, por lo que intensificar esa presencia con propuestas tecnológicas que innoven en el campo, es una de las estrategias más recomendables para afirmar el efecto de dicha influencia.

Aplicaciones

·         Comunicaciones

·         IOT

·         Automatización

·         Uno de los usos más importantes se describe como: Aplicación Pedagógica Vivencial. Con este uso, las personas serán capaces de aprovechar su percepción con mayor efectividad. Hasta ahora, la función tecnológica se apega en una alta proporción al entretenimiento, pero cuando el entretenimiento se comprenda como productividad -en un sano juicio del término-, las gestiones a cargo de los individuos y los grupos se comprenderán como una experiencia enriquecida que permitirá comprender la realidad como si fuera un videojuego, pero con la plena satisfacción de incrementar la eficiencia en los procesos de responsabilidad, principalmente.

·         Economía (Evoloma): Cada que alguien compre un set VRAIN, estará donando uno a alguna persona que lo necesite. Un aspecto complejo que puede funcionar como una donación, deducible de impuestos. Antecedente para la economía de Tracción.

 

Fases evolutivas de VRAIN

1.      Dispositivo de comunicación (Fase inicial). Traducción en tiempo real; proyección de voz amplificada o de transmisión. Los usuarios disfrutarán de un servicio de personalización que emula los rasgos de su voz propia al momento de una conversación traducida a otro idioma. Por otro lado, los usuarios con sordera podrán traducir su lenguaje de señas a modo verbal con un tono de voz acondicionado a sus cualidades físicas.

2.      Análisis de implementación robusta. Los datos cualitativos de los usuarios se trasladarán a un valor cuantitativo que permitirá una depuración de alta densidad informática, de manera que la optimización de la infraestructura de VRAIN no alcance un horizonte de colapso.

3.      Fase 4. Investigación de los rudimentos de Consciencia NeuroX. La inteligencia se define en este programa como la concatenación compleja de la información para arrojar un resultado. Por otro lado, la información es todo fenómeno que emerge de un pulso de energía; es un fenómeno que no necesita ser interpretado sino que se produce como un evento causal en su probabilidad. En estos términos, todo pulso de inteligencia se refiere como un grado de consciencia. Los estímulos de consciencia NeuroX que se producen de forma voluntaria o involuntaria son ya una probabilidad de la noción informática. En esta fase se realizará una investigación profunda partiendo de la información discernida y su fenomenología.

4.      Amplificación Cerebral. Las ondas cerebrales son finas y proporcionales a la información retenida en términos biológicos. En esta fase, la investigación se centrará en desarrollar un dispositivo que amplifique la pelusa neuroeléctroquímica. El desarrollo de un dispositivo que permita identificar las ondas Delta, Theta, Alpha, Betha y Gamma y amplificarlas para emitir y recibir información, será el máximo objetivo en este primer periodo de implementación del programa VRAIN.

5.      Consciencia NeuroX. La singularidad tecnológica será reconocida en el momento en el que un sistema operativo descentralizado manifieste un pulso informático no local, es decir, que no derive de una trayectoria de programación -es decir: que no se deba a una instrucción humana. Las implicaciones de este aspecto se expondrán llegados a este punto, en otro documento.

 

Apéndice

1.      Funcionamiento estructural -Descripción:

Como su denominación lo indica, VRAIN es el reconocimiento de la naturaleza NeuroX virtual, lo que nuestro cerebro mismo hace con su naturaleza biológica propia, por lo que para iniciar la implementación se tiene que partir de un lenguaje útil. Las lenguas humanas derivan en lenguajes específicos en cada iteración necesaria y es lo mismo que se aplicará en este caso. VRAIN será un dispositivo en fase inicial que fungirá como traductor de idiomas en tiempo real. El dispositivo le permitirá al usuario hablar en su idioma natal y ser traducido en otros idiomas con su propio tono de voz, timbre, vibración, volúmenes y estilo, entre otros rasgos. El ávatar VRAIN aprenderá en una base de datos personal, a reconocer la individuación de la voz para reconocer las inflexiones y los accidentes fonéticos y hacer correcciones para una traducción amplificada en tiempo real.

Distintos métodos serán recomendados, de la misma manera que estrategias y ejercicios que le den al dispositivo la eficiencia necesaria. En lecturas tácticas, los usuarios podrán agregar grandes cantidades de datos lingüísticos, tecnicismos y otras clases de palabras que no hayan sido cargadas previamente en las bibliotecas de diccionarios en otros idiomas. Lo importante de esta característica es lograr que VRAIN se convierta en un reflejo lingüístico de su usuario en cada idioma que sea requerido.

El resultado será en primer lugar, que VRAIN reconozca las condiciones verbales de su usuario en su idioma raíz, de manera que, al haber identificado todas sus cualidades replicables, la conversión a otro idioma sea tan sencilla como para que cualquier tipo de conversación o emisión verbal sea realizada en tiempo real sin demoras ni errores de interpretación.

El segundo objetivo de VRAIN es el concerniente a la consciencia. Uno de los principales aspectos que definen la Consciencia General (consciencia relativa del “YO”, espacio/tiempo; sincronía, sincronización, sincronicidad; cuerpo/mente) es la elaboración del lenguaje para significar en un esquema sensible, las condiciones de un acontecimiento simple o complejo. En este sentido, la base de datos permitirá obtener una experiencia de los significantes referidos en la probabilidad combinatoria proveída por el usuario. La lógica de interpretación construirá bases de datos para generar algoritmos de patrones de comportamiento que generen a su vez condiciones predictibles e interpretables que desarrollen una percepción virtual a través de los sentidos propios de NeuroX. En este momento aún no se podrá inferir el nivel consciente en NeuroX, pero se establecerá el entorno de cognición coherente que permita evitar la divagación inestable de los algoritmos tradicionales.


lunes, 20 de mayo de 2024

El señor Cleypol

 Emmanuel Ciaro

 

Félix era un niño de diez años que se la pasaba metido en internet; iba bien en la escuela y su mamá estaba muy orgullosa de él. El problema era que no hacía otra cosa que estar en su teléfono todo el tiempo. Le gustaban los videojuegos, chatear, ver series y cortar y pegar información para resolver su tarea. No leía, ni jugaba en los columpios y a sus amigos sólo los frecuentaba por redes. Escuchaba cualquier tipo de música  sólo para no quedarse en silencio. Cualquier otra actividad que no tuviera que ver con su computadora o su celular le molestaba. Por supuesto, cuando su mamá, una mujer joven que se llamaba Marcela, identificó esta conducta en su hijo, comenzó a preocuparse porque no sabía qué hacer. En el cumpleaños de Marcela, Félix le envió una tarjeta por otra red social, pero no recibió el beso especial que esperaba sino hasta que ella misma se lo pidió. Marcela era muy tranquila y por eso no se sintió mal, pero sí pensó que debía investigar sobre alguna orientación para saber si esto podría ser un problema.

         Un día, Marcela llevó a Félix al sicólogo para que le dijera qué tan grave era el comportamiento de su hijo. Félix salió con una paleta del consultorio y ella se quedó algo confundida, pues el doctor le había dicho: "Lo único que usted debe hacer es dejar que su teléfono se haga cargo de él, señora, el niño es normal y muy inteligente. Buenas tardes.” Félix escuchó esta contestación y le dijo: “Obvio mamá, la que necesita un psicólogo eres tú, no yo” y se quedó muy feliz con su paleta.

         Marcela estuvo muy cerca de optar por terapias para ella, pero por la tarde de ese día –que la hizo sentir la más anticuada de todas las mamás-, pensó en hacer algo distinto con su hijo.

         Al llegar a su casa, lo primero que Félix hizo fue abrir su teléfono y ahí se encontró con un amigo que lo invitó a la casa con alberca de uno de sus tíos. Cuando Félix fue a buscar a su mamá para avisarle –no para pedirle permiso− que el fin de semana lo pasaría con su amigo, Marcela también estaba hablando por teléfono y le hizo señas de que no la interrumpiera. Al terminar, le dijo a Félix: “Hijo, como tu papá va a andar hasta la otra semana de viaje, qué te parece si vamos a Hidalgo a visitar a tu primo Daniel”. Daniel era sólo 2 años menor, pero Félix se sentía más grande, por lo que hizo un berrinche grande cuando su mamá le explicó que todavía no estaba en edad de andar solo en las casas con alberca de otras personas.

         El viernes por la tarde, después de la escuela, salieron rumbo al estado de Hidalgo donde vivían su tía Amalia y su primo Daniel. Félix iba enojado por no ir a la alberca con su amigo, y cuando vio el lugar donde estaban llegando, se puso todavía más molesto, porque sólo había pasto y vacas. Las calles sin pavimentar del pueblo estaban húmedas por una lluvia ligera que caía nublando levemente el sol y dibujando un arcoíris en un punto cercano. La gente caminaba en ese lugar sin que le importara mucho mojarse.

         Su tía Amalia los recibió con mucha calidez y al abrazarlo, Félix sólo escuchó que ella hablaba: “Qué grandote, cómo has crecido, blablablah blablah...”. Félix sólo quería saber en dónde tenían la computadora porque tenía unos asuntos que arreglar, pero después de media hora de andarle preguntando, su tía le dijo distraída “la chiva ésa se puso mal y la tuvimos que rematar”. Félix preguntó que cuál chiva y su mamá le aclaró “La computadora, hijo, se descompuso”. Félix apenas podía percibir la equivalencia entre una chiva y una computadora, pero no se detuvo a pensar cómo sería.

         Como después de esto ya no le hicieron caso, Félix pensó en ir a buscar a Daniel, para que por lo menos lo dejara usar su antigua consola de videojuegos, pero al ir subiendo las escaleras hacia las recámaras, su tía lo detuvo con un grito que lo dejó paralizado. En la escuela un niño había contagiado a Daniel de varicela y por esa razón Félix no podía ir solo a verlo. Por eso en la noche lo mandaron a dormir temprano, pero no pudo porque no soportaba a los grillos del campo. En algún momento, cuando por fin se callaron y él pudo dejar de sentirse mal por no ir a la alberca, se durmió.

         Al otro día fue sábado. Se levantó hasta las 11 de la mañana y su mamá no lo molestó con que debía acompañarla a ningún lado. Tuvo la ligera intención de encender la computadora de su primo, pero se acordó de que la “chiva” no servía, así que buscó su celular, pero lo encontró descargado y el cargador se le había olvidado en su casa. Completamente desanimado, caminó hacia la ventana de su cuarto y lo recibió una mañana fresca, con un paisaje muy distinto al del día anterior que había sido lluvioso y frío. Después de la sombra de la casa, el pasto y los árboles se veían muy verdes y parecía que lo saludaban con su follaje mecido por el viento. A Félix le gustó la imagen de ese lugar; el color del cielo nunca lo había visto como en esa mañana, que aparte de ser muy claro, no tenía edificios que taparan la vista hacia el horizonte. Al voltear al interior del cuarto, se sintió alegre y estimulado para saber qué es lo que haría en ese lugar. Bajó y encontró la casa vacía. En la cocina su mamá le había dejado una nota en la que le decía que desayunara cereal y que no saliera de la casa. “Tu tía y yo vamos al mercado. No nos tardamos”, terminaba la nota. Félix vio la leche y el cereal y no les hizo el menor caso. Entonces se le ocurrió una idea que respondía tal vez a su instinto inquieto.

         Cuando llegaron Marcela y Amelia del mercado, escucharon un silencio peligroso, porque significaba que sus hijos debían de estar haciendo algo así como una travesura. Buscaron en toda la casa dos veces y no los encontraron, entonces Amelia dijo: “No hemos buscado bien, Marcela. Le dije a Daniel que por ningún motivo debía salir de su cuarto, así que ahí deben de estar”. Entonces subieron al pajar, que estaba arriba del cuarto de Daniel, y ahí los encontraron, riendo y platicando muy tranquilos. Marcela y Amelia entraron alegres con los niños por haberlos encontrado y les dijeron que los iban a castigar con un paseo por la plaza en la tarde, cuando llegara Alberto, el papá de Daniel. Amelia dijo que irían en la camioneta a la feria. En cuanto estuvieron abajo, les dieron de desayunar a los dos niños y ellas también se sirvieron algo porque les había dado hambre al salir temprano. Mientras servían, Amelia le dijo a la mamá de Félix:

–Marce, estoy preocupada, por Félix; es que ya viste cómo está Danielito– Marcela ya lo había pensado, pero no quiso decir nada. –¿Ya vacunaste a Félix? –preguntó Amelia.

–No– respondió Marcela, y las dos miraron hacia ellos cuando estaban jugando espaditas con los cubiertos.

En la tarde, con tío Beto y todo se fueron a la feria. Ahí había juegos, dulces y mucha gente. Félix estaba un poco inquieto porque le molestaba el bullicio, pero andar lejos de su casa con su mamá sí le gustaba. El tío Beto le compró todo lo que le pidió, hasta una pistola de plástico que en realidad no quería, pero como su tío insistió tanto, escogió la que parecía más real. La cargó con las bolitas de goma y anduvo apuntando sin disparar. Así anduvo un rato. Se sentaron a comer en uno de esos lugares con manteles de plástico y Félix apenas comió; cuando su mamá vio que se alejaba un poco, le dijo –No te alejes mucho, ¿eh? Desde aquí te estoy viendo–. Félix asintió vagamente y volteó a ver a su primo Daniel, que le sonrió de lejos rascándose una ronchita y haciendo señas de que se fuera sin él.

         Félix anduvo vagando por unos puestos cercanos en donde se vendían insectos de goma y títeres de madera, apuntaba con su pistola hacia objetos y personas y de repente, distraído, le apuntó a un niño, quién con el dedo le tapó el cañón de su pistola de juguete, Félix cambió la dirección, ligeramente desconcertado y disparó al primer blanco que identificó para salir de la situación, entonces se quedó inmóvil cuando vio que su blanco se volteaba hacia él sobándose la cabeza. Era una niña que estaba vestida como en la ciudad. La niña tendría unos 10 años también. Ella lo vio todo confundido y le sonrió. Félix sintió un ligero mareo, pero cuando la niña le habló, salió de ese estado y pudo reaccionar muy bien.

–¿Tú me disparaste? –le preguntó ella. Félix apenas pudo mover la cabeza con afirmación. –¿Me la prestas? –Él se la dio sin decir palabra. La niña la agarró, le apuntó y le disparó una balita en la frente, luego le sopló al estilo vaquero. Félix seguía sin articular palabra, pero pensaba: “Lo estás haciendo muy bien, sigue así, como un vaquero.” Félix empezó a sentirse un poco mal.

–Me llamo Félix. Ya me tengo que ir –La niña hizo como que le daba el juguete 3 veces y Félix le sonreía, entonces la mamá de la niña le llamó, fue así como supo que se llamaba Valeria. Después de que le regresara el juguete, Félix se quedó unos minutos viendo cómo Valeria se iba en cámara lenta, vestida de falda y peinada con cola de caballo.

         Cuando regresó con su mamá ya había oscurecido, los juegos de la feria estaban menos concurridos y el campo a la distancia se veía más oscuro, entonces la familia decidió regresar a la casa. Todavía alcanzó a comerse un algodón de azúcar y después caminaron hacia la camioneta. Félix se empezaba a sentir un poco raro. La oscuridad y el frío lo intrigaban; pero aún así, le dijo a su tío que lo dejara manejar, y como su primo ya se había dormido y su tía y su mamá iban platicando, el tío Beto lo sentó en sus piernas y lo dejó manejar mientras aceleraba despacio por un camino recto. Pero Félix pronto cayó dormido y lo acostó en el asiento del copiloto.

         Entraron a la casa cargando a los niños, y al prender la luz, Alberto vio a Félix sudar como había sudado Daniel la noche anterior. Amelia se acercó a mirarlo y volteó de inmediato a ver a Marcela que se asustó un poco al ver a su hijo con fiebre.

–Ay, Marcela, creo que Félixcito ya se enfermó –Marcela se sentó junto a él cuando Alberto lo acostó en la cama del cuarto que le habían dado para los dos. Amelia estaba con ella.

–Se me olvidó vacunarlo; el mes pasado hubo una campaña en el centro de salud, pero no lo llevé–, dijo Marcela mientras se sobaba la frente.

–No te preocupes, no es tan grave. Es mejor que le dé ahora que está chiquito –Amelia intentó consolarla; después se fue y los dejó para que se acomodaran para dormir.

         En la mañana, Marcela le pidió a Amelia que los dejara quedarse toda la semana mientras Félix se recuperaba. Había pensado en dejarlo e irse a su trabajo, pero después de hablar por teléfono con Ernesto, su esposo, decidió que era mejor quedarse con él para cuidarlo y ya repondría el tiempo de su trabajo al regresar a la ciudad.

         Félix se pasó todo el domingo en un sillón de la sala, viendo tele y comiendo frutas; la fiebre le aumentaba y disminuía mientras miraba que milagrosamente su primo se ponía mejor. Daniel lo acompañó toda la tarde, le llevaba de comer y le prestaba sus juguetes. Félix se reía mucho porque su primo tenía ronchitas, pero de repente, Daniel se puso muy serio y se dio media vuelta y se fue. Félix se sintió un poco mal por haberle hecho pensar que se había burlado de él, pero después de unos minutos, Daniel regresó con un espejo y se carcajeó al ver la cara que Félix puso cuando vio su cara llena de puntitos rojos que parecían mucho más marcados que los de su primo. Entonces los dos se rieron y comenzaron a burlarse uno del otro.

         Esa noche la fiebre se le subió mucho a Félix y lo tuvieron que bañar. Amelia le dio de la medicina de Daniel, pero no dio mucho resultado. El lunes, Félix se sintió un poco mejor. Su mamá y su tía estaban dormidas todavía por la madrugada tan activa que habían tenido por cuidarlos, porque incluso Daniel también había recaído, así que Félix sacó una silla reclinable afuera de la casa, en donde se veía el cielo y el campo, que comenzaba a gustarle. Se acomodó entre unas sábanas y toallas y se sentó a leer un cómic que se había encontrado en el cuarto de Daniel. Estaba, así, muy tranquilo, leyendo y pensando a veces en sus amigos y en que ojalá hubiera un internet para ir en cuanto se sintiera recuperado; luego recordó a Valeria, que se le había quedado grabada en la mente sin saber por qué. En eso estaba pensando, cuando empezó a sentir un sopor enorme, que lo hizo sentirse pesado, pesado, hasta que comenzó a imaginar que el atardecer lo absorbía.

         Primero se vio caminando en medio del campo, rodeado por los árboles y el cielo, pero en un silencio profundo que era interrumpido por el aleteo de una libélula o por una ligera corriente de viento. Los colores eran muy vívidos y le daban a todo el lugar una apariencia artificial, como de escenografía o de animación digital. Siguió caminando a campo abierto y una parvada de pájaros pasó arriba de su cabeza; también escuchó la corriente de un río lejano. En eso iba cuando pasó junto a él un señor extraño que llevaba un instrumento como una guitarra y vestido como electricista. El señor pareció no verlo y se siguió de largo, pero Félix lo llamó:

−Señor, señor. ¡Buenos días!

−¡Aaah, buen diiiía! -contestó el señor haciendo gestos con la cara y los ojos.

−¿Dónde es aquí? Estaba leyendo una revista y de repente me encontré caminando en este lugar, pero no sé cómo llegué.

−Tu eres el niño con variceela, ¿eeeeh?

-Sí, vine a visitar a mi primo y me contagié -Félix iba a seguir explicando, pero el señor lo interrumpió.

-Ah, noo, noo, tu has venido aquí porque era necesario

-Mmh, no..., yo quería ir a la casa de mi amigo, tiene alberca y todos los nuevos juegos del exbox

-Síii, pero nooo, tu estás aquí para aprender nuevas cosas, ya verás

-Sí, pero le dije que mi primo me contagió...

-Aah, qué respondón eereeesss -el señor le guiñó un ojo y Félix sonrió

-¿Que instrumento es ese, señor?

-Aaah, eestoo, es un banyoo

-¿Y qué es un banyo?

-Es para tocar música en momeentoos como eeestee, fíjate -el señor se puso a tocar una música extraña y muy melodiosa- en... los matorrales... el viento se sentó... estaba muy cansado de viajar... Desde... el atlántico... al pacífico vino a dar...Noticias desastrosas trae de ultramar...Eel clima de su enojo va a empeorar... Los hombres de la ci-vili-za-ción... a nosotros nos quieren olvidar... El viento reunió a todos en este lugar... Al fuego a las nubes y los animales... les...  dijo que... tenián que despertar... porque el tonto de los tontos... con todo quiere acabar... ... ... ... .. ... ... ... ..

-¿Quién es el tonto de los tontos? -preguntó Félix.

-El más tooonto de tooodooos -respondió el señor con un ligero ensombrecimiento en el rostro.

-Ah..., pues no me quedó muy claro

-¿Qué te parece este lugarrr? -preguntó el señor y Félix volteó a su alrededor.

-Aquí me gusta, pero es aburrido -contestó sin entusiasmo.

-¡Aaaah!, entonces saabes a qué me refierooo -el señor chocó sus talones en un brinco y se quitó el sombrero de granjero.

-No, creo que no lo sé... ¿cómo se llama usted, señor?

-Soy... Cleypol, el... señor ... Cleypol... el señor Cleypol

-Señor Cleypol, mucho gusto, yo soy Félix

-Hoola, Félix... Qué bueeeno conocerte -Cleypol continuó hablando sobre el lugar- Te decía... todo está muy bello por aquí... ¿ves en dónde se acaba laa distaaanciaa?

-No, la verdad, no -Cleypol sacó un catalejo de su bata de científico.

-Aah, muy bien, porque no se acaba. Todo lo que aquí permanece, tiene tu edad más la mía, multiplicada por mil y mucho más -dijo Cleypol, muy sabihondo y tocando un acorde en el banyo- Peero, adivina quée, aún así, el tonto tototodo lo va a dessstornillaar -y suspiró.

-Señor Cleypol, ¿cómo llegué aquí? ¿Por qué dijo que había solicitado que yo viniera? -preguntó ya un poco preocupado Félix.

-Aah, pues le pedí al hada del delirio que te trajera para contarte un secreeto -contestó Cleypol- Sólo estaba esperando a que te enfermaras y te diera fiebre, porque si tu mamá te ve hablando conmigo si estás sano, pensará que te fuiste de safaaarii

-¿Y para que me ha traído aquí, qué es eso que usted me quiere enseñar? ¿Puedo conocer al hada?

-Aah, el hada está aquí, pero no la veess, porque tienes que habituarte máaas a la naturalezaaa. -Cleypol se quedó pensativo y continuó- Sólo tenemos que caminar un poco, porque estamos esperando a alguien más. No me gusta repetir dos veces el mismo discuurso. ¡Dos turistas a la vez representa un considerable ahorro de energía!

Félix estaba muy extrañado por la conversación, pero al mismo tiempo se sentía muy bien en ese lugar. El señor Cleypol se siguió caminando y aunque no iba muy lejos, sus canciones parecían llevadas por el viento, con una cierta resonancia. Félix miró un instante a Cleypol: su aspecto no era el de un lugareño, ni el de un vaquero, ni el de un aviador, más bien parecía un cazador con gorra, tenía un andar un poco torpe y su voz era como la de un adulto caricatura. Puso atención en la música que tocaba Cleypol y no había escuchado nada igual; también se le hacía de caricatura, pero una que no parecía ser para niños; la resonancia y un ligero eco la convertían en algo cada vez más raro y llegó un momento en el que empezó a sentir miedo, pero en cuanto comenzó a sentirse así, el señor Cleypol volteó a mirarlo y le guiñó un ojo, Félix pudo ver su gesto a pesar de que el sol lo hacía ver a contraluz.

Así anduvieron un rato. Félix se unió a Cleypol ya sin tenerle temor y caminaron y cantaron hasta llegar a un río donde se detuvieron. Los enormes árboles hacían sombra. En realidad, Félix no tenía ni frío ni calor y sus ojos no sentían la molestia de la luz, ni siquiera al mirar en dirección al sol. Por alguna razón, Félix no tenía ganas de irse de ese lugar y volteó a mirar al señor Cleypol –que en ese momento le parecía más un mecánico impecable, vestido de overol-, él sólo siguió cantando con su particular estilo de voz y, entonces, volteó a mirar al distante pasto verde, porque alguien venía a lo lejos. El señor Cleypol cambió de canción y después de unos minutos a Félix le pareció distinguir la figura de una niña y al reconocerla comenzó a llamarla “¡Valeria, Valeria, Vaaleeeeeriia!”. Ella también lo reconoció y lo saludó con la mano y caminó hacia él. Cuando estuvo junto a ellos los saludó y Félix, lo único que hizo, fue mirarla como si todo a su alrededor se hubiera vuelto borroso. Ella le sonrió y le preguntó que qué estaban haciendo ahí. Félix le presentó al señor Cleypol, quien hizo una reverencia y una mueca extraña, como todo en él.

-Estamos esperando a alguien, el señor Cleypol tiene algo que contar... -dijo Félix, algo impaciente

-Féelix, pequeñíiin, pero si es a eella a la que esperáaabamoosss -dijo Cleypol mirando a Valeria.

-¿A míii?

-Ooh, síii, nenita, yo los he traído a este lugar -Cleypol giró un poco y abriendo los brazos, dijo- ¿Qué les parece?

-Pues yo apenas voy llegando, pero me gusta mucho el campo -dijo Valeria y Félix contestó:

-A mí me gusta cada vez más, aunque parece una caricatura. En realidad, no estoy muy acostumbrado a lugares como este, pero desde esta mañana me siento muy bien

De atrás de los árboles comenzó a haber alguna actividad de gente que iba a recolectar sus hortalizas. Se les veía pasar con canastas y los niños paseaban a lo lejos. Félix y Valeria se voltearon a ver y cada uno vio en el otro un gesto de frescura y alegría.

-Félix, Valeeria, los he traído para contarles algo que sucede en lugares como este en todo el mundo, porque todo el mundo tiene lugares así, ¿lo saben? Cada país con muchos lugares distintos y los niños de las ciudades como ustedes dos, y como los millones de niños de las demás, están olvidando un poco la necesidad de conocerlos y vivirlos y respirar su aire. La gente del campo es muy diferente, porque tiene otras costumbres y otra forma de ver la vida, pero es gente alegre y sabia que les puede enseñar tantas cosas como las que ven en internet. Los niños de la ciudad no tienen la culpa de que esta sea la situación, pero si no lo saben, cuando crezcan no les importará. Para los adultos, el campo, como todo el planeta, representa dinero y ganancias, poder y riqueza. A ustedes los traen de vacaciones –si sus papás logran arrancarlos de sus computadoras-, o los llevan a lugares turísticos que han sido modificados de su forma natural. Es cierto que son muy confortables –yo mismo he estado en algunos hoteles cómodos en mis viajes por el mundo-, y no crean que intento hablarles mal del progreso y todo lo que les enseñan en la escuela, pero de lo que sí les quiero hablar es de la oportunidad de conservar estos momentos muy hondo en su corazón, porque así no se convertirán en profesionales del dinero, indiferentes a todo lo que no represente ganancias en sus bolsillos. Miren a su alrededor, un poco de campo para todos es bueno. Aquí encuentran todas esas cosas que sólo ven por la tele: los animales y las flores, los insectos y el cielo más azul; incluso las lluvias torrenciales se ven diferentes en lugares como este. Si van al mar, conocen su magnificencia poderosa y a una montaña la pueden hacer su amiga después de tres visitas. ¿Conocen la nieve? ¿Conocen la selva? ¿El desierto? ¿Les gustaría conocer la luna? Pues de este recuerdo depende el que ustedes lleguen a pasear por el crateriano paisaje lunar, sin trajes ni nada estorboso tan sólo lo necesario para hacer un picnic de baja gravedad. Imaginen que sirven unas gotas de chocolate y ustedes las persiguen flotando para beberlas. Créanme, si ustedes le toman cariño a la naturaleza y se acoplan a ella para hacer sus planes futuros, tal vez su boda pueda ser más divertida de lo que creen -El señor Cleypol les guiñó un ojo y Félix y Valeria se pusieron rojos de pies a cabeza. -Por desgracia, no nos podemos quedar mucho tiempo juntos aquí, pero en algún momento, nos volveremos a encontrar. Sólo me gustaría darles unos consejos antes de despedirnos -Cleypol vio que, en los rostros de los niños, habían muchas cosas que querían preguntar, pero se adelantó a continuar. -Lo de la boda fue una broma; eespero que lo haayan tomado así -Los niños rieron un poco apenados. -Cuando sean padres, el mundo habrá cambiado y ustedes a lo mejor no lo notarán, por eso es importante que tengan esta experiencia. Su generación es muy distinta a las anteriores, porque el cambio sucede cada vez más raápido. Ya saben que antes no había computadoras, ¿verdaad? -los dos asintieron muy serios -Antes de muchos avances científicos actuales, todo eera distiintoo, pero si reducen el uso de la tecnología ahora, es muy probable que no tengan el éxito suficiente en sus vidas, por eso no les aconsejo que lo hagan. La naturaleza les puede aportar mucho a su interior, es lo único que deben comprender. Todo lo que ustedes ven en este lugar, tiene un valor que va más allá del dinero y de su utilidad. Lo que les inspira en este momento, no tiene nada que ver con la apariencia sino con su conexión interior. Si en algún momento sienten mariposas en el estómago o escalofríos en la piel, es porque existe una emoción que surge por muchas razones, pero una de las más significativas es la magnificencia del mundo real. Si quieren, podemos encontrarnos cuando lo deseen en los sueños; o si tienen un momento difícil, cierren sus ojos y deseen con mucha fuerza que nos encontremos y yo estaré ahí.

         Valeria y Félix habían escuchado con atención las palabras del señor Cleypol, mientras observaban a su alrededor y en un instante, sus miradas se encontraron y descubrieron que no sentían vergüenza y que algo les había llegado muy hondo en su ser. Entonces Cleypol continuó, convencido de que habían reconocido algo distinto en ellos.

-Yo sée que tienen muchas preguntas por hacer, pero también me doy cuenta de que aún no sabrían cómo preguntarlas. Con el tiempo, sabrán que las preguntas no se agotan y que necesitarán saber muchas cosas para obtener las respuestas con el tiempo -El señor Cleypol calló un momento para transmitirles confianza y continuó. -Tal vez vean que todo por aquí tiene una textura algo artificial, pero si ponen atencióon, se darán cuenta de que, en realidad, toodo eees muy naturaaal.

Cuando por fin pudieron reaccionar y se vieron a los ojos, Félix y Valeria pensaron en la boda. ¡Su boda! Los dos se sonrieron y miraron en direcciones opuestas y comenzaron a sentir un fuerte mareo, mientras el señor Cleypol tocaba su banyo y les sonreía al alejarse cantando algo extraño que decía como: ... .... .. .... el zorrillito le dijo a su amo: no se coma a la abuelita, por favor, pues caperucita se va a ir a la ciudad...

jueves, 9 de mayo de 2024

La Celebración de los Rezos con Banquete, de Emmanuel Ciaro

Publicado en el libro Mar Intangible


  

el reino de Fulda,

cuando la llovizna baña

el bosque,

tocado por relámpagos

que dibujan las siluetas

de pequeñas entidades misteriosas.

 

 

A la hora del ocaso, un ser vestido por la hierba se pasea impaciente entre las ramas de un árbol. Con su ceño fruncido, espera la llegada de las Cinco Damas al círculo sagrado. Una sonrisa le marca las arrugas del rostro al ver que se acercan entre los árboles. El nombre del pequeño ser es Pirg-lutt.

Las Damas están ahí por el ritual de alumbramiento celebrado para que una mujer embarazada por primera vez, tenga dicha y su hijo sea bienvenido. La ceremonia se convierte en un suceso especial cuando el embarazo se ha producido de forma natural, porque quiere decir que los árboles han puesto su semilla en ella.

No sucede muy a menudo, pero es sabido que al bosque le gusta inducir en Fulda, la concepción de impredecibles criaturas feéricas y, en esta ocasión, ocurre que la doncella no está comprometida. Por esta razón, en el ritual de alumbramiento, ella es la Quinta Dama.

Dar a luz a un ser feérico es un evento incierto, las doncellas suelen sentir miedo por lo que de ellas pueda surgir; podrían parir criaturas capaces de anular el ritual y la vida de las que lo asisten. Hubo una que vivió aterrorizada durante seis meses, pues tenía pesadillas y sufría bromas crueles. Cuando estaba sola, su cuerpo se hinchaba hasta reventar sus vestidos. Quiso abortar varias veces, pero en ninguna pudo hacerlo.

La Quinta Dama se encuentra postrada, desnuda sobre el tallo de un árbol talado al centro del círculo formado por nueve robles. Sufre al ritmo de las contracciones, mientras las otras cuatro se preparan para recibir al bebé. Desde arriba, entre el follaje de los árboles, los relámpagos iluminan una figurilla que cambia de posición con impaciencia. Es Pirg-lutt, que presiente el advenimiento favorable del designio concebido por el bosque.

La Quinta Dama comprende que el momento se acerca y siente un dolor extraño en su vientre abultado. Apenas consciente de su espanto, pero más llena de angustia por el parto, tensa las piernas pensando que el engendro que se abrirá paso en medio de ellas habrá destrozado también sus ilusiones.

Tres de las Damas que asisten la fuerza de la Quinta, mantienen las manos distribuidas en elevación por diferentes partes del cuerpo. Sobre la cara y la cabeza, sobre el corazón y el vientre, sobre el pubis y la garganta. La Última espera entre las piernas, a que salga la cabeza; se prepara a recibir al recién nacido. La Quinta grita y aprieta los puños; por algún rasgo en sus contracciones, se da cuenta de que el dolor viene de afuera, no de su vientre. Una asistente le limpia el sudor, asustada por un trueno. En el follaje de los árboles se escucha la algarabía de las fuerzas que se encargan de cumplir con lo acordado. La Quinta Dama quisiera sentirse tranquila, pero le es imposible.

Transcurren los minutos en los que puja con fuerza; pero la vida no emerge. Entonces, cuando la partera está a punto de forzar un poco...

De las copas de los árboles surge una cascada resplandeciente que cae pesada sobre las Damas. Ellas se paralizan de fascinación y escurridas, pero sin estar mojadas, se descubren envueltas en destellos de tonalidades fulgurantes e hipnóticas. Dentro de un intenso brillo, en medio de la oscuridad, el hechizo del bosque ha sido cumplido.

Las Damas ríen y lloran y danzan alrededor de la Quinta; y Pirg-lutt también lo hace, pero sin que ellas se den cuenta. Corre entre sus piernas y brinca para besarlas de felicidad en las mejillas –Algo de lo que, de habitual, no hubiera, ni siquiera entre perfumes de sueños, permitido que ocurriera-. Y de pronto, las Cuatro Damas y Pirg-lutt, en medio de ese ambiente de luz radiante, miran asombradas. La Quinta Dama levanta entre sus manos el cuerpecito de una hermosa niña al momento en que la bóveda celeste se limpia para abrir paso a la influencia de estrellas lejanas. La Dama le da un beso en la frente y pronuncia el nombre del ser feérico más hermoso que se había producido en decenios: Vreiande. Y entonces, desaparece.

En la aldea todos los habitantes se habían entristecido por la noticia, porque pasaron varias horas sin que nadie descubriera el rastro de Vreiande. Todos los aldeanos la buscaron en grupos hasta el amanecer, pero no apareció. Como a los niños no les concernían esas cosas los habían dejado dormir. Pero cuando Taren, un niño que vivía en una granja al centro de Fulda, se enteró de lo que ocurría por los comentarios de sus padres, se levantó y fue a buscarla sin pedir permiso.

Caminó junto al río sin saber muy bien qué hacer. El cielo apenas se aclaraba y hacía frío. En realidad, lo que le preocupaba a Taren, era que la oportunidad de conocer a uno de esos seres de los que tanto había escuchado, se esfumara sin que él hubiera hecho nada. Sus pasos siguieron a lo largo del río, hasta que se fue a sentar distraído bajo un árbol. Cuando se levantó para continuar, volteó hacia el árbol de enfrente y vio un bulto. Taren se acercó y ahí encontró a Vreiande, toda cubierta de hormigas; dormía profundamente. Limpió las hormigas del cuerpecito y la revisó por si la habían picado, pero no vio roncha alguna. Tuvo que cargarla un buen tramo antes de llegar a Fulda.

En su casa, la Dama de Vreiande esperaba acostada y triste, pero al ver entrar a Taren con Vreiande en sus brazos, se reclinó a pesar del dolor, con los brazos extendidos. Taren le entregó a la niña y salió de la casa. La Dama se quedó largo rato llorando por esa alegría tan grande de tener a su hija a salvo, junto a ella.

Así fue la primera experiencia de Vreiande en Fulda. Su cualidad feérica se reveló muy rápido; sin embargo, la Dama no tuvo miedo de aceptar el hecho de que su doncella formara parte de ese mundo que en otros lugares sería inconcebible.

 

Desde el principio, un ser pequeño, arrugado y vestido con hierbas y minerales, acompañó a Vreiande sin que nadie lo notara; era Pirg-lutt, quien se ganó su simpatía de manera natural, según él. Le contaba historias divertidas o trágicas, imitando a los personajes que aparecían en ellas. Aunque era aún muy pequeña, le hablaba de ciertos planes en los que Vreiande estaba incluida y que ella no comprendía; tan sólo lo miraba soltando carcajadillas por la forma ridícula y divertida que tenía de expresarse.

Al crecer, casi nadie se ocupó de las experiencias de Vreiande y la trataban como a una niña normal. Descubrió que, al vagar sola por el bosque, su voz la llevaba inspirada por los árboles; el canto la conducía entre texturas durante horas y Vreiande se dejaba llevar durante jornadas sublimes de éxtasis.

También le gustaba estar con Taren, el granjero que la había encontrado en el hormiguero. Él ansiaba que Vreiande le enseñara su mundo. Se hizo su amigo y le gustaba mucho estar con ella; pero lo que más deseaba era que lo llevara a cruzar la frontera. Al pasar el tiempo, Vreiande alcanzó la misma edad que tenía él cuando la encontró, seis para ser exactos. Taren seguía siendo muy tímido y no sentía confianza de confesarle que ansiaba conocer el mundo feérico. Por alguna razón, tal vez por su carácter, Vreiande nunca hablaba de lo que pasaba al cruzar y, aunque todos sabían lo que ella era, nadie le hacía preguntas. Pero, al contrario que los demás, Taren no pudo ocultar su inquietud por más tiempo y una noche le dijo que lo llevara a ese mundo.

Durante sus paseos, Pirg-lutt los acompañaba siempre y fue así como Taren se enteró de su existencia invisible. Para Pirg-lutt no representó ningún problema, pues Taren no parecía tener interés en Vreiande y lo comprobó durante ese paseo nocturno.

Antes de contarle historias, Vreiande le dijo que ese lugar era muy complicado y que a veces le daba miedo tener que regresar porque el temperamento (a lo mejor no utilizó estas palabras, pero fue más o menos así) de los que vivían ahí, era incomprensible. Le contó que una vez se enteró de que la estabilidad de su mundo se estaba corrompiendo y que no tenía claro lo que esto significaba, pero que todos los de allá tendrían que cruzar la frontera hacia la de ellos. Taren la escuchó sin rascarse durante horas. Vreiande le dijo que días enteros los había vivido con terror porque, aunque se encontraba de este lado, de forma simultánea vivía lo que pasaba del otro lado, en donde sucedían cosas horribles: muertes, transformaciones y batallas crueles. Pero Taren, en vez de asustarse, alimentaba un gran deseo de formar parte de eso y mientras oía hablar a Vreiande, sus manos sudaban de emoción. Entonces, cuando se quedaron en silencio, Taren le suplicó que lo hiciera cruzar la frontera porque él quería vivir lo que ella, Vreiande se negó y Taren comenzó un berrinche como los que le hacía a su mamá. Con lágrimas en los ojos, Taren la buscó por todos lados antes de descubrir que estaba solo. Así pasó unas veces más durante algunos años.

 

Cuando Vreiande cumplió diecisiete años, su Dama hizo una fiesta de dos días en los que la joven hada aplicó sus virtudes para darle a la gente de la aldea, con Taren incluido, una visión de lo que ella hacía y veía a diario. Quería que la gente se entregara por una vez a su capacidad de maravillarse; aunque después, debido a la rutina, se abandonaran al olvido. En su aldea no había sabios, sólo campesinos, gente de ideas claras y limitadas, que durante dos días comieron y jugaron como gigantes; nadaron en lagos destellantes, se persiguieron flotando entre los árboles durante la noche...

Dos días y después... Cuando todos quedaron agotados, Vreiande le dijo a Taren que fueran a caminar y, puesto que Pirg-lutt ya iba adelante de ellos proponiendo un lugar en el que podrían divertirse de verdad y no con un puñado de ropa vieja que ya sólo contaba con estímulos y reacciones primarias... Vreiande le gritó y le dijo que se irían por otro lado, que no los siguiera. Así que Pirg-lutt tuvo que quedarse en la aldea enojado, torturando a un pobre vagabundo que no podía levantarse porque lo mantenía hipnotizado en una neblina brillante que disparaba distraído con el dedo hacia los ojos del hombre, mientras él los miraba adentrarse en el bosque.

Vreiande y Taren se alejaron de la aldea. Taren comenzó con lo mismo de siempre y Vreiande quería tranquilizarlo. Por esa extraña razón que hace a las niñas enamorarse de los menos indicados, Vreiande se enamoró de Taren y le quería preguntar si él la amaba, pero Taren le respondió antes. Dijo que estaba aburrido y que la única manera en la que podría sentirse muy feliz, era vivir en su mundo feérico. Así que le pidió que lo llevara al lugar. Vreiande no pudo hablar y se desvaneció en la distancia, decepcionada de no ser suficiente para tenerlo a salvo en el mundo al que pertenecía.

Taren vio angustiado que ella se alejaba sin que él pudiera detenerla. Se quedó sentado en una fuente mirando el manto de hojas sobre el agua calma que iluminaba la antorcha de una estatua. Cuando el bosque quedó en silencio, comenzó a escuchar algo como un murmullo, el alboroto de unas voces que parecían festejar de tras de unos arbustos. Fue a buscar el lugar de donde provenían las vocecillas y vio a través de un ligero fulgor de luz, una increíble cantidad de seres de muchos tamaños y rasgos: diminutos, gigantes, frágiles, voladores, deformes, desnudos, gruñones, bromistas, tornasolados... Taren quedó fascinado con la música que escuchaba mientras espiaba y no pudo resistir el incluirse en la fiesta.

En poco tiempo, muy poco en verdad, las criaturas se quedaron quietas y molestas, mirando como Taren bailaba entre ellas y empujando a quien se le atravesara. Taren, poseído por la música, bailó largo rato, sin percatarse de que ya no había nadie.

 

Pasaron días y ni Pirg-lutt había visto regresar a Vreiande. Él la esperaba con un genio insoportable. Desde que ella se había ido, su humor se volvió abrupto y comenzó a aplicar su refinamiento en hacerle bromas a los aldeanos. Tiraba cosas en las casas, convertía a los niños en animales para los festines familiares; ponía especias y yerbas desagradables o alucinógenas en la comida. No era sólo por diversión, se sentía de verdad desesperado. Así que decidió ir a buscarla.

Vreiande había seguido de largo cuando llegó a la aldea y vagó por el reino de Fulda para cantar durante días, como solía hacerlo siempre; sólo que su canto la llevó muy lejos y ella lo siguió. Una tarde se detuvo junto a un estanque para beber la abundancia de su agua y ahí la encontró Pirg-lutt. Vreiande jugaba con las ondas del agua tranquila. Quitó su dedo y, al quedar quietas las ondas, su reflejo se aclaró; entonces Vreiande notó algo raro en su rostro. Su propia belleza le produjo una impresión grotesca; el reflejo de sus facciones la lastimó y su cabello rubio le dio náuseas. Vreiande se desmayó por la confusión. Al despertar, se levantó y se acomodó en una piedra y cuando lo hizo, descubrió la figura borrosa de Pirg-lutt, que la miraba con enojo. A Vreiande le asustó verlo así, pero él alteró su expresión con un gesto amable y sonriente, para contarle que en la aldea todos estaban inquietos; que Taren andaba como loco por ahí, bailando con los ojos fijos y lanzando gritos y risas de placer. Luego le dijo que había estado pensando en su proyecto. Vreiande se puso triste por lo de Taren. Recordó el momento en que se fue, dejándolo solo, por su decisión de abrirle la frontera; así que no reaccionó a la primera parte del plan sino hasta que escuchó la palabra estatuas. Entonces, Vreiande le preguntó ‘¿Cuáles estatuas?’, preguntó. Y Pirg-lutt le dijo que sabía que ella quería que los habitantes de la aldea vivieran momentos diferentes y que a él también se le había ocurrido la manera de que pudieran formar parte de una realidad distinta. Le platicó su plan de dejarlos estáticos, duros como estatuas, en un ensueño continuo; como ella había hecho con Taren. Así la aldea sería una escultura viva, única y dispersa en el bosque. A Vreiande le maravilló la idea, pero no estaba muy de acuerdo.

De todas formas, decidió ayudarlo, sin preocuparse por lo que haría. La idea era que la Celebración de los Rezos con Banquete serviría como ocasión idónea para provocar comportamientos absurdos en los aldeanos y eso sería en tres jornadas.

 

La tarde de la Celebración era soleada. Se hacía a unas seiscientas ramas de la aldea, junto a un monolito enorme que estaba dentro de los territorios del Fulda. La gran piedra no significaba nada en realidad, pero para los aldeanos representaba la magnificencia del tiempo acumulado. La niebla asentada comenzaba a develar las puntas doradas de los pinos cuando ya los aldeanos preparaban los banquetes y la decoración de los tablones en los que serían dispuestos. Desde temprano, Vreiande, a la que no habían visto en mucho tiempo, se encontraba hechizando cosas y personas. Pululaban niños barbones o con inmensas cabelleras; animales desconcertados que, solitarios, pronunciaban, en cada reflejo o estímulo, frases increíbles e interminables. Vreiande se divertía como loca porque se le ocurrían cada vez más cosas para la estatua.

Pirg-lutt pensaba ansioso en el plan. Caminaba entre el bullicio de personas poniéndoles el pie. Ya faltaban pocos grados para que comenzaran a comer. La celebración inicial era con un rezo a la mitad de la jornada. Todos comenzaron a reunirse en el monolito y comenzaron el proceso en el que los aldeanos transformaban su formalidad de campesinos en soltura y desinhibición.

El primer rezo se expresaba en absoluta concentración: un sonido gutural compuesto por más de doscientos aldeanos que lo alargaban con un indistinguible canon. El canto se extendía en Fulda como una marea de voces onduladas por el viento. Pasando un grado, caminaban de regreso a la aldea para el primer banquete. Por lo general era una joven pareja la que se quedaba hasta el último. Tomados de la mano, extendían el canto unos cuantos minutos más.

De vuelta en la aldea, todos comían con buen apetito. Pedazos de carne cocinados con frutas y especias; bebían caldos y licores con abundancia para disponerse a continuar con la celebración. Al regresar al monolito, comentaban entusiasmados lo de la carrera que les esperaba. En el monolito se integraban gradualmente al rezo entonado en un fino ulular. El coro se alargaba mucho tiempo, la gente se dejaba absorber y les costaba trabajo el desligarse.

Cuando se relajaban, volvían a la aldea para continuar con el banquete. Luego regresaban; después de haber inspeccionado las rutas con mejores tiempos y menos accidentadas, así evitaban perderse o alejarse mucho durante la caída de la noche que el frío anunciaba.

Conforme iban terminando, se levantaban para comenzar la carrera hacia el monolito. Todos, desde las niñas hasta los viejos, caminaban o corrían en desorden. A la mitad de medio grado, comenzó a oscurecer muy rápido. Unos ya habían llegado al monolito. Otros apenas se iban levantando del festín, pero aun así se aventuraban a ir. Tal vez podría pensarse que los aldeanos conocían bien todos los caminos, pero la magia de la celebración, era tal, que transformaba por completo el panorama de lo que creían conocer. Había algunos que, con todo y antorcha, se perdían por el pánico o la desubicación.

En el monolito, el tercer rezo duraba más grados, se tornaba más profundo y comenzaba a fluir desde las primeras personas que llegaban. Los que ya estaban ahí se encontraban en un trance completo influido por los banquetes y el vino. Vreiande fue de las primeras voces en encabezar el tercer coro para inducir el encantamiento. Al poco tiempo, llegó Pirg-lutt a tomar parte en lo que ocurría. El rezo crecía en tonos e intensidad y, aun así, algunos se perdían. Los que estaban perdidos, a veces se encontraban unos con otros por caminar en círculos. Otros escuchaban el canto lejano de los aldeanos y al seguirlo, llegaban tranquilos al monolito. Mientras cantaban, algunos sucumbían al ensueño y con ello, la rigidez los hacía lentos. También los animales se sentían endurecer y murmuraban sus frases incoherentes.

Pirg-lutt observaba su comportamiento y se solazaba con el efecto. Suponía lo que Vreiande hacia y sonrió pensando que era excelente. Estaba a unas diez ramas de ella y la buscaba desde su asiento en la cabeza de un aldeano para saludarla con la mano y mostrarle que estaba satisfecho, muy, muy feliz.

Todo el panorama era de gente en posturas inconcebibles. Cuando la vio, se percató de que Vreiande era un ser que resplandecía aun en estado. Pero esta revelación lo hizo reaccionar. Al verla abstraída por completo en su canto, sentada en el suelo con la mirada fija, se abrió paso entre la gente, inmerso en alucinaciones cada vez más fuertes. Sus ojos se abrían desmesurados; se persuadía de pensar que no era un sueño y pensó que, de ser cierto lo que estaba imaginando, se convertiría en el peor compañero de pesadillas que Vreiande pudiera tener. Pirg-lutt lo comprobó cuando, a poca distancia de Vreiande, vio cómo el hermoso rostro producía un torzón muscular y alteraba el ritmo de su propio rezo.

 

Pasaba la mitad de medio grado; todos los habitantes habían quedado petrificados y dispersos entre el monolito y la aldea; decenas y decenas de estatuas emitiendo un aullido desquiciado. Unos en el bosque, otros junto al monolito, pero todos los que vivían en esa aldea dentro del Fulda, formaron parte del lugar boscoso más increíble que se conoce hasta hoy. Y todavía, bajo la luna, se perfilan más de doscientas estatuas azuladas entre los árboles del bosque. Durante el día, con el sol, las estatuas de Vreiande y Pirg-lutt muestran las muecas deformadas que describen el estado de las cosas.

Tal vez Vreiande sea capaz de contrarrestar el rencor de Pirg-lutt por haber sido absorbido en ese ensueño colectivo. Sus miradas enlazadas seguirán estando unidas algún tiempo más, antes de saber, que el sueño está por terminar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Emmanuel Ciaro

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